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viernes, 22 de mayo de 2026

La lógica del mal: Entrevista a Hitler

Estimad@s amig@s

Sinopsis

¿Qué ocurre cuando una ideología anula la conciencia individual?
¿Cuándo el odio deja de parecer extremo y empieza a percibirse como razonable?

En La lógica del mal: Entrevista a Hitler, Javier Fernández Aguado se adentra en una de las mentes más perturbadoras del siglo XX con un propósito claro: comprender el mal para impedir que se repita. Lejos de cualquier enfoque sensacionalista, el libro desvela con lucidez y precisión los mecanismos psicológicos, ideológicos y morales que hacen posible la deshumanización, el fanatismo y el odio sistemático hacia el otro.

A través de una entrevista conceptual, el autor desentraña la lógica interna del totalitarismo nacionalsocialista: cómo se construye el relato que justifica el mal, cómo se legitima el odio y qué ocurre cuando la conciencia se somete a la ideología. Un análisis que trasciende su contexto histórico y revela patrones inquietantemente aplicables a otros sistemas como el comunismo.

Fiel a la metodología única que define su obra —basada en el estudio comparado de líderes, estadistas y pensadores tanto constructivos como destructivos—, el autor extrae lecciones útiles en el presente y pone el foco en desvelar cómo nacen, se legitiman y se consolidan las dinámicas que pueden llegar a erosionar y destruir una sociedad desde dentro.
La lógica del mal no es solo un análisis histórico: es una advertencia.
Una llamada a reconocer la fragilidad de las sociedades libres, la facilidad con la que pueden reaparecer dinámicas de exclusión y la necesidad de detectar a tiempo los discursos que, cuando se debilitan el pensamiento crítico y la responsabilidad ética, pueden volver a hacer aceptable lo intolerable.

 

«Mañana

muchos maldecirán mi nombre»[i]

 

Presentación[ii]

Estudiar a Adolf Hitler continua siendo, muchas décadas después de su ascenso al poder, una tarea incomoda, compleja y, para algunos, innecesaria (…) existe la tentación —comprensible y temeraria— de relegar su figura a los márgenes de la historia, como si el mero paso del tiempo bastara para neutralizar el impacto de su legado (…)

La pregunta (…) por qué no hacerlo. Qué riesgos entraña ignorarlo o simplificarlo hasta convertirlo en una caricatura que tranquiliza, pero no previene (…)

(…) no rehabilita una figura que no admite absolución moral. Tampoco busca provocar mediante un artificio literario (…) entender, en el sentido más profundo del término. Comprender cómo un humano con evidentes carencias profesionales y éticas fue capaz de movilizar a una nación presuntamente culta, industrializada y avanzada; cómo un discurso, la psicología y el contexto social pueden confluir hasta producir una catástrofe de dimensiones inéditas (…) qué nos enseña Hitler sobre nosotros mismos y sobre nuestra sociedad.

 

(…) encontramos a un ser profundamente deformado en lo moral, pero humano, a un directivo que tomó decisiones conscientes y que supo manipular voluntades, a un sujeto que no fue un accidente, sino una laña sanguinaria dentro de la sociedad anhelante y desnortada.

(…) vivimos en una época marcada por la polarización, el descrédito de las instituciones, la simplificación del discurso político y la tentación de soluciones autoritarias ante dilemas complejos (…) los mecanismos que consienten el ascenso de líderes destructivos siguen activos.

Ø  ¿Qué estamos haciendo cada uno de nosotros por frenar el auge de líderes tóxicos?

 

(…) Hitler no triunfó exclusivamente con la violencia física, sino con la palabra; no únicamente por el miedo, sino por una esperanza mal entendida; no solo por la cohesión, sino por la adhesión voluntaria de millones de ciudadanos (…) hasta que punto estamos inmunizados frente a discursos que prometen orden, identidad, orgullo nacionalista y grandeza al precio de la libertad y los principios.

Ø  Líbreme Dios de flautistas, alquimistas y bien hablados que de los bravos ya me libro yo.

 

(…) ¿Cómo se construye el mal?, ¿Qué papel desempeña el liderazgo en su expansión?, ¿Dónde concluye la responsabilidad individual y comienza la colectiva?

 

«Ante Dios y el mundo,

el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad»[iii]

 

Prólogo[iv]

Hay nombre que no necesitan presentación. Basta pronunciarlos para que se desencadene una cascada de imágenes, emociones, temores y juicios. Su sola mención provoca una mezcla de repulsión, asombro y perplejidad (…) no es solo un personaje histórico, es un símbolo; un paradigma del mal (…) de una época, de una deriva política y moral, de un conjunto de mecanismos psicológicos y sociales que, aunque nos repugnen, siguen activos (…) entender a Hitler —en sus contradicciones, en su lógica, en su monstruosidad— es también una forma de entender cómo las sociedades pueden resquebrajarse, cómo una idea puede convertirse en dogma, y el dogma en exterminio.

 

(…) no surgió del vacío. No llego al poder de magia ni por un error del destino. Fue el resultado de una suma de frustraciones colectivas, resentimientos alimentados, miedos cultivados, discursos nacionalistas, mitos históricos y promesas mesiánicas (…) el horror fue compartido (…) el delirio fue colectivo (…) la lógica totalitaria —por más irracional que nos parezca— fue asumida como sentido común por una parte significativa de la sociedad alemana.

Ø  ¿Cómo podemos manipular la frustración de la masa para granjearnos su apoyo?

o   ¿Por qué nos dejamos manipular?

 

(…) esa tensión entre lo trivial y lo atroz, entre lo cotidiano y lo criminal, entre la palabra y la acción, recorre todas las páginas del libro. Y es ahí donde reside su fuerza: en hacernos ver que el mal no siempre grita; a veces, susurra. Y eso es lo verdaderamente peligro.

Ø  ¿Cómo identificamos el mal?

o   ¿Cómo visibilizar lo invisible?

§  ¿Cómo combatirlo?

 

Hitler y su camarilla[v] no encarnaban el ideal que decían defender. Él mismo no era ario: ni su fenotipo ni sus orígenes austriacos encajaban con el modelo nórdico que postulaba como superior (…) desde esas figuras anodinas (…) se construyó un régimen que hizo del culto racial su piedra angular (…) los portavoces del arquetipo no lo representaban en muchos de los casos, pero lo impusieron como norma, como si la fe en el dogma compensara la ausencia de correspondencia física, como si la crueldad sirviera de coartada para la impostura.

(…) lógica de exclusión: definir a un enemigo interno, declararlo inferior o dañino y justificar su persecución en nombre del bien común (…) deshumanización del otro, la institucionalización del odio y la eliminación del discrepante (…)

(…) lo más peligroso no es el discurso en sí, sino su capacidad para volverse sentido común, para presentarse como verdad indiscutible, como lógica inevitable, como necesidad histórica (…) cuando la historia se convierte en necesidad, al ética es la primera en caer (…) podría volver a ocurrir en cualquier parte si no se cultivan unca ciudadanía crítica, una memoria activa y una vigilancia moral.

(…) los fines estuvieron siempre claros: eliminar al diferente, resolver el problema judío, conquistar el este, destruir al marxismo, refundar Alemania sobre una base racial. No fue una deriva, fue un plan (…)

(…) el III Reich (…) fue un hervidero de luchas internas, improvisación, corrupción y duplicidad institucional. Hitler no fue un hábil estratega (…) fue un caudillo arbitrario, desconfiado, incapaz de crear estructuras sólidas, que gobernaba fomentando la competencia entre sus subordinados y delegando sin criterio (…)

 

(…) las ovaciones, los votos, la obediencia ciega y el entusiasmo con el que recibieron muchas de las medidas del régimen no pueden explicarse solo por el miedo (…)  

 

(…) el horror no comienza con campos de concentración, sino con palabras, con frases aparentemente inofensivas, con discursos que apelan al miedo y al orgullo (…)

 

«Que mejor suerte que ser gobernante

de hombres que no piensan»[vi]

 

Introducción

(…) su gestión política y militar, a diferencia de su pericia propagandística, fue mejorable. En lo militar no tomó decisiones tan insensatas como determinados historiadores han deseado hacer creer —sobre todo para absolver al ejército y explicar la derrota ante un enemigo aparentemente menor, los soviéticos— y en lo político caló en esas corrientes que solo algunos son capaces de desentrañar. Tuvo la habilidad de atender a quienes nadie oía y transmitirles lo que querían escuchar y de entregarles, en su contexto, aquello a lo que aspiraban, aunque no fueran conscientes de que estaban conduciéndolos al desastre (…)

Ø  ¿Cuánto peso le dio Hitler a la propaganda?

o   ¿Qué papel principal jugo Goebbels?

§  ¿Cómo fueron capaces de atraer a tantos adeptos para la causa?

 

La incapacidad de Hitler para, una vez en el poder, crear órganos de gobierno estables en los que apoyarse, más allá de un aparato represivo brutal, acabó por sumir a la sociedad en un caos de colosales dimensiones (…) El mito de la eficacia nazi a la hora de gobernar surgió fruto de una falaz propaganda (…)

Ø  ¿En plena irrupción de la inteligencia artificial cómo poner freno a la publicidad engañosa, a la comunicación toxica, a la tergiversación de la verdad?

 

(…) Hitler debía imbricar al Partido y al Estado, por lo que, como pasa con tantos CEO que tratan de decidir todo en sus organizaciones, su labor se hallaba condenada al fracaso (…)

Hitler desconfiaba de la burocracia y de los suyos, aunque sostuviera lo contrario. Su manera de gestionar las labores de los individuos con los que debía colaborar consistía básicamente en dictar unas directrices vagas para que así trabajasen “en la dirección del Führer”. Con frecuencia solicitaba lo mismo a varios para desconcertar y luego decidir él lo que deseaba, sin cortapisas (…)  sin sistemas de control o de contrapeso (…) un sistema imprevisible, arbitrario (…)

Esa forma de gestión implicaba que a Hitler siempre le comunicaban prácticamente lo que quería escuchar (…)

Ø  ¿Qué quiere escuchar la persona vértice? Eso es lo que tengo que contarle, lo demás no interesa…

 

(…)  Si algo salía mal, era culpa de los demás, de quienes no habían seguido fielmente sus resoluciones.

Ø  ¡El Boss nunca se equivoca!, Son los que ejecutan que no saben cumplir órdenes.

 

(…) El final de Hitler estaba anunciado: ¡todo o nada! Siempre fue

coherente con su incongruencia.

El pensamiento de Hitler se articula (…) en torno a tres propósitos irrenunciables que conformaban uno solo: la aniquilación de los judíos, la liquidación de los marxistas y la necesidad de un espacio vital en el este que permitiera a los alemanes disponer de recursos para sobrevivir. Jamás los abandonó. Podía ser flexible siempre que se respetaran esos objetivos (…)

 

(…) . En la Alemania nazi todos trabajaban en “la dirección del Führer». La ferocidad ideológica de las SS era la plasmación perfecta de los despropósitos de Hitler (…)

Ø  ¿Qué papel jugaron las SS en la consolidación del poder de Hitler?

 

Se percibe en Hitler algo extrañamente vacío. Resulta complicado encontrar en él rasgos que lo humanicen, como si todos sus atributos se desdibujaran, sin encontrar asideros (…) En Hitler parece darse un vacío casi absoluto, sea en el trato con sus camaradas o incluso en sus relaciones con las mujeres. Podía ser cordial e incluso afectuoso con sus secretarias, a las que abordaba con condescendencia y un humor tímido, casi risible. También departía amablemente y parecía tolerante con colaboradores como Speer o Goebbels (…)

Como todo hombre implacable, podía ser sentimental y descuidar las estrictas relaciones de clase. Creía en sus dotes artísticas y soltaba opiniones propias de un nesciente sobre temas de los que nada sabía (…)  se erige como una figura voluntariamente catalizadora, consciente de su destino y dispuesto a sacrificarse por un proyecto, que el identificaba con Alemania (…)

 

«No importa la verdad.

Lo que importa es la victoria»[vii]

 

¿Somos manipulables?

Ø  ¿Dónde está el límite?

Ø  ¿Por qué hemos abandonado el pensamiento crítico?


¿Por qué lideres nos dejamos seducir, encandilar?

Ø  ¿Cómo no somos capaces de ver sus contradicciones entre el discurso y la acción?

Ø  ¿Qué nos mueve a auparlos y dejar que el poder los ciegue?


Javier Fernández Aguado vuelve con La lógica del mal a poner en valor la entrevista como modelo para escudriñar en la mente tanto de la persona como del personaje. Libro interesante, que nos debe provocar mucha incomodidad en su lectura, pero a la vez sacar aprendizajes sobre manipulación, comunicación, pensamiento crítico, habilidades, competencias, planes de acción y sobre todo una preguntas:

Ø  ¿Qué estoy haciendo desde mi parcela de poder para que la historia no se vuelva a repetir?

Ø  ¿Estamos haciendo por acción u omisión que la IA piense por nosotros?

o   ¿Dónde quedo aquello de pensar de manera crítica?

Ø  ¿Será la IA el próximo Führer? 


«Si ganas,

no tienes por qué explicar nada...

¡Si pierdes,

no deberías estar allí para explicar nada!»[viii]

 

Epílogo

De Hitler a hoy: pervertir el lenguaje y estrangular la verdad

(…) escudriñar la personalidad de Hitler me ayuda a descubrir que algunos de los seres humanos más siniestros han sido particularmente diestros en la perversión del lenguaje, el estrangulamiento de la verdad, la inflamación de las emociones y la normalización de la mentira [hecha norma].

Como buen totalitario, la comunicación era un medio imprescindible para conseguir sus fines (…)

 

Principios de la propaganda naziactual

• Simplificación y enemigo único (…)

• Método de contagio (…)

• Transposición (…)

• Exageración y desfiguración (…)

• Vulgarización (…)

• Orquestación (…)

• Renovación (…)

• Verosimilitud (…)

• Silenciación (…)

• Transfusión (…)

• Unanimidad (…)

 

(…) pensar es un atrevimiento tan amenazado por el populismo y el totalitarismo como necesitado por los espacios de libertad democrática (…) recordar, porque con frecuencia la clave no está tanto en saber algo nuevo como en recordar lo fundamental ya sabido. Se confirma una vez más que pensar y recordar son verbos ejecutivos.

Ø  ¿Por qué tienen tanto miedo a qué pensemos fuera de la caja?

o   ¿Qué temen que descubramos?

Ø  Si no conocemos, recordamos la historia, estamos condenados a que se repita. Ejercitemos la mente, recordemos los grandes latrocinios que se han cometido, actuemos de manera preventiva o permitiremos que la historia se repita.

 

«¡Qué suerte para los gobernantes

 que los hombres no piensen!»[ix]

 

La lógica del mal

Entrevista a Hitler

Javier Fernández Aguado

LID editorial

 

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Entrevista a Stalin: La lógica de un dictador

1010 Consejos para emprendedores

La soledad del directivo

El alma de las organizaciones

 

«La fuerza no está en la defensa

sino en el ataque»[x]

 

ABRAZOTES


[i] Hitler

[iii] Hitler

[v] Pp., 14 (…) Goebbels

Pp., 15 (…) Himmler

[vi] Ídem

[vii] Ídem

[viii] Ídem  

[ix] Ídem

[x] Ídem  

viernes, 10 de mayo de 2024

Entrevista a Stalin: La lógica de un dictador

Estimad@s amig@s

Sinopsis

En este interesantísimo libro, Javier Fernández Aguado ha dado voz al sátrapa Stalin. En una entrevista exhaustiva interpela al más paradigmático revolucionario comunista del siglo XX y segundo mayor asesino en serie de la historia.

Con fino rigor intelectual, no exento de ironía en algunos pasajes, el autor pregunta a un rocoso Stalin, revelando su astucia y fanatismo, y desgranando el existir de su predecesor Lenin y las palancas que lo llevaron a justificar detenciones, torturas, asesinatos, hambrunas, traiciones, etc., siempre en función de los presuntos sublimes intereses del partido comunista.

A través de un análisis detallado, el autor desmitifica la imagen del dictador comunista como un simple burócrata. Con un enfoque crítico pero objetivo, invita al lector a reflexionar sobre las lecciones aprendidas de la historia y a cuestionar las ideologías totalitarias.

 

«Usaremos a los idiotas útiles en el frente de batalla.

 Incitaremos el odio de clases,

 destruiremos su base moral, la familia y la espiritualidad.

 Comerán las migajas que caerán de nuestras mesas.

 El estado será Dios»[i]

 

Prólogo[ii]

Stalin es uno de los personajes inevitables del siglo XX. Los versados en su vida y obra conocen que se trata del segundo mayor asesino en serie de la historia. En números absolutos, Mao Tse-Tung fue el responsable del mayor número de crímenes humanos. Tras Stalin se encuentra Hitler. Sorprendentemente, para bastantes personas, quiero creer que por desconocimiento Stalin es un referente. Como si el nombre que concedieron muchos durante el sanguinario Gobierno ―el padrecito― fuese válido.

(…) quien no sabe historia no sabe nada. Conocer cómo enfocaron nuestros ancestros los obstáculos y oportunidades de su época no es mera erudición; se trata más bien de un sano ejercicio intelectual que contribuye a acertar en las decisiones económicas y tambien en las estrictamente personales.

 

El enfoque no ha sido el interrogatorio a un asesino confeso y no arrepentido, sino una profunda charla para tratar de entender cuál fue la motivación y la lógica argumentativa de quien, entre muchos otros descomedimientos, aseguraba que había de condenar no tanto a los culpables como a los inocentes, para que de ese modo nadie viviera tranquilo.

 

«El odio es un factor de lucha,

 ese odio intransigente al enemigo que impulsa

 más allá de las limitaciones del ser humano

 y lo convierte en una máquina de matar efectiva,

 violenta, selectiva y fría.

 Nuestros soldados tienen que ser así:

 un pueblo sin odio no puede triunfar»[iii]

 

Introducción

La simplificación es un riesgo a la hora de analizar la historia. Resulta más cómodo explicar procesos complejos de manera lineal, con respuestas de manual (…)

Lo acaecido es complejo, como un lejano país en el que se habla otra lengua y se guardan costumbres diversas. Tratar de desentrañarlo y reducirlo a lo que queremos que sea, proporcionando una significación sin atender a matices, es una tentación perniciosa.

La URSS fue un régimen nocivo, de una brutalidad feroz y sanguinaria. En aras de un experimento social y de algunos logros menores causó un imperecedero dolor, con millones de víctimas que fueron inmoladas sin contemplaciones en el altar de un futuro que pretendía instaurar el Paraíso en la Tierra. Todavía hoy resuenan sus nefandas vibraciones en la guerra de Ucrania.

 

Stalin fue brutal y encantador. Podía mostrarse sentimental para, al rato, volverse despiadado. Desarrolló un retorcido sentido del humor, propio de un matón de arrabal. Sabía ser serio y solemne cuando era conveniente. Se guardaba sus opiniones para conocer cuáles eran las de los demás y detectar a posibles o imaginarios enemigos. Era capaz de aceptar puntualmente propuestas ajenas si creía que estaba equivocado, aunque la modestia no era su fuerte. Detestaba a los halagadores. Odiaba a quienes lo desafiaban. Podía llegar a exhibirse como víctima y culpable al mismo tiempo, dimitiendo de sus cargos cuando surgía cualquier escollo. Todos esos rasgos no eran contradictorios, sino que se complementaban. No todas las pasiones atacan a la misma edad (…)

 

(…) Se presentó como la figura que mediaba y arbitraba entre corrientes ideológicas. Desató el Terror y también lo frenó a su conveniencia. Desencadenaba la más inhumana violencia, para detenerla cuando no le era útil (…)

(…) extraordinario camaleón, podía aparentar ser pragmático e incluso tolerante (…) Sus valores siempre estuvieron mediatizados por sus propósitos (…)

 

Conocedor de la relevancia de los cargos y sus privilegios a la hora de asegurar la lealtad (…) , colocando a afines en puestos decisivos, que a su vez situaban a otra cabila de paniaguados en escalones inferiores. Todos los niveles le eran leales. ¡Ay de quien se atreviese a no serlo, aunque solo fuese de pensamiento! A la hora de enfrentarse a sus enemigos los dividía (…)

 

Los eliminó a todos, con desprecio y saña. Cuando contraatacaron, era tarde (…) Su control del Partido y de la URSS fue, gracias a unas estrategias tan toscas como sutiles (…)

 

(…) jamás debía ceder un solo paso. Nunca perdonó ni olvidó.

 

(…) fue su discípulo más aplicado, quien mejor comprendió la maquinaria despiadada que era el Partido perfilado por Lenin. Con obsesión por el orden y la disciplina, bien plasmada en una estructura piramidal y en una Cheka que, al modo de espada y escudo del Partido, era sanguinariamente impía (…)

 

(…) Lo importante nunca fue el quién, sino el qué y el cómo (…)

 

(…) fue hipócritamente sincero. Nunca se enriqueció. ¡No lo necesitaba! ¡Toda la URSS le pertenecía! Su vida era frugal cara a la galería (…)

 

Este libro es una entrevista, no un interrogatorio (…) muestro su contumelia, su procacidad, sus coartadas, su lógica y su depredación inhumana. Como reconoció en más de una ocasión, mentir, traicionar y asesinar formaban parte de su ideología. Rasgos compartidos por líderes de organizaciones inspiradas a modo de franquicia en la suya, algunas de ellas contemporáneas y cercanas.

 

(…) Stalin y Eichmann compartían buena parte de su modo de ver el mundo. Ambos carecían de empatía y consideraban que las circunstancias eran la excusa ineludible para sus patibularias actuaciones.

 

«O la horca o el poder»[iv]

 

Hay que conocer la historia para no volver a cometer los errores del pasado. El problema es que practicamos poco la lectura, no nos paramos a reflexionar, tenemos memoria de pez…

 

¿Trabajarías con un CEO que tuviese las skill de un dictador?

-     ¿Por qué?

 

¿Qué te aporta trabajar con ese tipo de personas /compañía?

 

Javier Fernández Aguado nos sirve en modo entrevista La lógica de un dictador un formato que te permite conocer mejor al personaje a la vez que aprender cómo a través del buen manejo de las preguntas podemos profundizar, conocer a la persona. Cada vez estoy más convencido de el poder de la pregunta en los procesos de mejora (mentoring, coaching u otras disciplinas).

 

Como profesionales tenemos que dominar el arte de hacer buenas preguntas, para ello son clave la preparación, el entorno (tenemos que hacer que nuestro entrevistado se sienta cómodo), la puesta en escena, ir poco a poco tirando del anzuelo sin que el interlocutor se percate, repreguntar si fuese necesario.

 

Practicar el trabajo con un directivo en modo entrevista es una herramienta tan valida como otra que tu utilices, lo importante es que se vayan cumpliendo los objetivos pactados con la empresa /cliente. Me siento cómodo trabajando a modo pregunta, sacando a pasear (paseos peripatéticos) a la persona fuera de zona de seguridad (oficina) lo importante es que de esas entrevistas vaya saliendo una notas /plan de acción, que se vaya viendo evolución y que crezcas haciendo crecer.

 

«Libertad de discusión,

 unidad de acción»[v]

 

“La calle enseña a ser cuco y avisado, a medir a tus oponentes, según sus fragilidades y tus propias fuerzas. Y algo importante. Callar y esperar pacientemente, para así, en el momento adecuado, infligir el último golpe, cuando tu enemigo se ha confiado y no se lo espera”.

 

(…) no dejarse deslumbrar por la victoria y no envanecerse en ella (…) consolidar el éxito obtenido (…) rematar al enemigo, porque solo está abatido y dista aún mucho de haber sido rematado.

 

(…) “¿Cómo se hace una revolución sin un pelotón de fusilamiento?[vi] (…)

 

A confianza no se adquiere por la violencia ―porque está la cancela― sino por la teoría acertada del Partido, por la política ajustada del Partido, por la fidelidad del Partido a la clase obrera, por su ligazón con las masas. Por su disposición y su capacidad para convencer de lo apropiado de sus consignas, la fe en uno mismo y en la causa esencial para alcanzar el éxito.

 

(…) era de suma importancia demostrar fuerza y controlar la situación lo más rápido posible.

 

(…) nuestro gran descuido: no anticiparnos, no abatir y aniquilar antes a cualquiera que no se sometiera.

 

“El miedo puede ser la mejor lección. Tienen que saber que vas en serio. Eso se aprende en las calles. En una pelea infundirás temor si saber con certeza que al final serás inmisericorde. Un muerto o un golpe a tiempo previene otros”.

 

“Le daré un consejo: debe rodearse de personas que sean leales a usted y a la línea de la organización, de tal forma que ambas sean indistinguibles en el día a día. No significa que sean serviles, lo cual ni siquiera es deseable, pero sí que sepan hacía dónde van y en compañía de quiénes lo hacen, para lo cual es necesario trabajar con ellos estrechamente”.

 

“No hay que negar la realidad, pues de otra forma ella nos negará a nosotros. No podemos esperar a que las circunstancias cambien; debemos mutar nosotros”.

 

“Los comunistas sabemos la importancia del arte. Un libro puede ser más efectivo que una carga de dinamita. Una película puede crear más militantes que un mitin”.

 

“No es relevante quien maneja el cuchillo, lo que importa es quién lo afila. He ahí donde está el verdadero peligro”.

 

“La libertad es el derecho de todo individuo, siempre y cuando no amenace el bienestar colectivo”.

 

“Nunca subestime a un enemigo por acabado que parezca. La única manera de estar seguros de que no supone un riesgo es eliminándolo. Muerto el hombre, desaparece el problema”.

 

“A veces los grandes adversarios nos recuerdan quienes somos (…)”.

 

«Bajo el capitalismo,

 el hombre explota al hombre.

Bajo el comunismo,

 es justo lo contrario»[vii]

 

Entrevista a Stalin

La lógica de un dictador

Javier Fernández Aguado

Kolima Book


Link de interés

Camaradas! De Lenin a hoy

El management del III Reich

Entrevista a Aristóteles: Filosofía para líderes y emprendedores

Ética a Nicómaco

• El encuentro de cuatro imperios: El management de españoles, aztecas, incas y mayas

2000 años liderando equipos

• Roma: Escuela de directivos

• Jesuitas: Liderar talento libre

• Egipto: Escuela de directivos

• La soledad del directivo

 

«¿Cómo distingues a un comunista?

Bueno, es alguien que lee a Marx y Lenin

¿Y cómo distingues a un anticomunista?

Es alguien que lee y entiende a Marx y Lenin»[viii]

 

ABRAZOTES


[i] Lenin

[iii] Ché Guevara

[iv] Lenin

[v] Ídem

[vi] Ídem  

[vii] John Kenneth Galbraith

[viii] Ronald Reagan