viernes, 24 de abril de 2026

Descifrando la IA: Cómo usarla sin perder el juicio

Estimad@s amig@s

Sinopsis

Richard Susskind es una de las voces más influyentes dentro del panorama jurídico internacional actual. Se dedica a explicar de una manera clara y rigurosa cómo y por qué está cambiando la profesión jurídica. No escribe teoría abstracta, sino que traduce la tecnología, la innovación y la evolución social en impactos concretos sobre abogados, jueces, notarios y despachos. Leer a Susskind es adelantarse al futuro inmediato del Derecho.

Te ayudará a entender qué prácticas desaparecerán, cuáles se transformarán y dónde está el verdadero valor del jurista en un entorno digital cada vez más dominado por la IA y cada vez más exigente. Sus libros no alarman ni idealizan, proporcionan herramientas para adaptarse y seguir siendo relevante. Cualquier profesional del Derecho que lea Descifrando la IA podrá comprobar que incomoda lo justo y aporta mucho...

La obra ofrece:

¿Cuánto más avanzados pueden llegar a ser los sistemas de IA? ¿Estamos cerca de crear algún tipo de «superinteligencia»? ¿Nos acercamos a algún tipo de «singularidad»?

La IA es una nueva tecnología que está transformando sociedades, profesiones y quizá, lo más importante, la manera en la que tomamos decisiones...

Suskind examina dilemas morales, como la toma de decisiones automatizada, la privacidad y el sesgo algorítmico, y propone formas de gestionar estos riesgos.

 

«La autoridad moral se conquista por la coherencia

entre el hacer y el ser»[i]

 

Introducción

(…) la IA dará forma de manera decisiva al futuro de los seres humanos y de la sociedad.

(…) ¿Representa la IA la apoteosis o la antítesis de la humanidad y la civilización? ¿Proporcionará la inteligencia artificial las respuestas a los desafíos más graves de la humanidad, desde el cambio climático hasta la salud global? ¿O señala el descenso del hombre biológico?

(…) en los próximos años surgirán preguntas relacionadas con la IA que hoy no somos capaces de concebir: preguntas que aún no hemos imaginado relativas a problemas que aún no han surgido de sistemas que aún no han sido inventados. Hoy no podemos ver más allá del haz de los faros que proyecta nuestro entendimiento inicial de las tecnologías actuales y emergentes.

 

«No hay mayor tirano que

un enano con un látigo en la mano»[ii]

 

¿En la era de la IA quién es el enano?

Ø  ¿Y el látigo?

 

Richard Susskind nos incita a Descifrar la IA en cuatro planos: filosofía, tecnología, derecho y planificación estratégica. Los cuatro pilares que un directivo debe conocer —no ser experto—.


Tenemos muchas preguntas y pocas certezas aún sobre la IA, y lo que añade más sal al tema, mucha incertidumbre, desconocimiento y falta de una visión clara sobre lo que podemos o no hacer con estas tecnologías.


La IA es la tecnología que mayor impacto esté provocando en el trabajo. Se habla del relevo de la persona por la máquina, tendremos que verlo e incluso rendirnos para vernos superados. La decisión es nuestra, no dejemos de remar e impidamos que la IA tome el control. La tecnología debe ser un facilitador, nunca un protagonista.


¿El derecho está caminando al lado del despliegue de la IA o va por detrás en su reglamentación? Me gustaría pensar que va por delante, pero la realidad es tozuda, los legisladores van lentos, o no saben dónde poner el foco. Lo anterior provoca que nos estemos moviendo en espacios alegales con lo que aumentan los niveles de indecisión empresarial.


Planificar estratégicamente es una de las tareas del directivo, ¿Qué validez tienen a día de hoy los planes estratégicos? ¿Qué impacto tiene la IA en nuestro sector? ¿Quién disrumpirá el mercado en los próximos seis meses? ¿A qué nuevos competidores nos enfrentamos? ¿Cuáles son sus fortalezas?


Podemos seguir lanzando preguntas sin fin, pero centrémonos en los importante. Estamos desenredando una madeja de hilo que no sabemos dónde termina, ni qué nos encontraremos al final. Es prioritario que seamos capaces de ver cómo poner en valor la IA, protegiendo a las personas, los empleos, la generación de riqueza y nuestro saber hacer.


Vivimos un momento difícil, con una gran complejidad, en la que tenemos que tomar decisiones con poca información. Si fuese fácil puede que fuésemos prescindibles, descifrar con juicio es nuestra misión —no la deleguemos en la IA—.   

 

«El hombre estaba muriendo,

estrangulado por las vestiduras que había tejido»[iii]

 

Descifrando la IA

(…) la IA empoderará a la humanidad. No se trata de hacer que los trabajadores de cuello blanco actuales sean más productivos y eficientes.

 

Si damos por valido que la IA está aportando nuevas técnicas y tecnologías habilitadoras no podemos dejar de tener presente que lo anterior conlleva riesgos, amenazas y vulnerabilidades.

Ø  ¿Las estamos teniendo presente?

o   ¿Las tenemos mapeadas?

o   ¿Estamos diseñando planes de contingencia?

o   ¿Se está dando formación al equipo para poder abordar la incertidumbre en la que estamos trabajando?

 

Ningún ámbito de la vida humana parece quedar al margen. ¿Dónde terminará todo esto? ¿Cuánto más avanzados pueden llegar a ser los sistemas de IA? ¿Estamos cerca de crear algún tipo de “superinteligencia[iv]? ¿Nos acercamos a algún tipo de “singularidad[v]? ¿Qué significan realmente estos términos? (…)

 

La IA ha capturado la imaginación del mercado y ha cautivado a la comunidad inversora. Se están inyectando niveles extraordinarios de capital. Las grandes empresas tecnológicas y de IA están destinando sumas desorbitadas a investigación, los gobiernos están desembolsando cantidades masivas, la mayoría de las grandes empresas asignan fondos significativos a proyectos piloto y desarrollo, y la vibrante y talentosa comunidad de start-ups de IA se beneficia de grandes inyecciones de capital riesgo (…)

 

En el futuro las vidas humanas se verán transformadas por tecnologías que aún no han sido inventadas ni siquiera imaginando (…)

 

(…) no existe una línea de meta aparente. No hay un estado final. Es un error imaginar que habrá una versión definitiva de la IA (…) ¿Hasta qué punto podrían llegar a ser capaces nuestras maquinas? ¿Podrían incluso, en cierto sentido, tomar el control?

 

Pensar de manera diferente

Pensamiento orientado al proceso y pensamiento orientado al resultado

Ø  ¿Cuál escogemos?

o   ¿Por qué?

 

(…) son marcos mentales muy distintos, arraigados en cultura muy diferentes. Ignorar o confundir ambos puede conducir a todo tipo de confusiones, malentendidos y errores (…)

 

(…) a largo plazo, la principal competencia para las firmas profesionales serán los clientes potenciados por IA (…)

Ø  ¿Cómo competir cuando nuestro cliente es nuestro primer competidor?

o   ¿Dónde residirá nuestra ventaja competitiva?

§  ¿Cómo nos estamos entrenando para no perder tracción?

 

(…) prestad atención, profesionales: la competencia que os destruirá no se parece a vosotros.

Ø  ¿Qué competidores están irrumpiendo en nuestro sector?

o   ¿Cómo estamos abordando la nueva situación?

 

(…) ¿Pueden las máquinas manejar la incertidumbre?

Ø  ¿Cómo lo hacen?

Ø  ¿Qué podemos aprender del cómo, cuándo y el por qué?

 

(…) ¿Cómo podría un sistema discernir el estado emocional de los seres humanos (…) cómo podría ponerse en su lugar y compartir su dolor y su alegría?

 

(…) ¿Pueden los sistemas de IA reconocer [o cuasi-reconocer] estados emocionales? (…) “¿Puede un usuario humano distinguir entre la empatía mostrada por un cuidador artificial y la mostrada por un profesional humano”?

 

Afrontar los riesgos

¿Cómo salvamos (…) protegemos a la humanidad de la IA? (…) la IA como un arma de doble filo (…) “aprovechar” (…)

Ø  ¿Cómo podemos apalancarnos en las fortalezas de la IA para crecer?

Ø  ¿De qué riesgos nos debemos proteger?

o   ¿Cómo hacerlo?

 

Contemplar el futuro

¿Máquinas conscientes?

 

Con la aparición de la IA, la cuestión de la conciencia adquiere un cariz mucho más práctico (…) si debemos —y cómo— atribuir responsabilidad jurídica o incluso moral a las máquinas por su impacto puede depender en gran medida, a largo plazo, de si consideramos que tiene estados mentales como la intención y la volición (…)

 

(…) ¿En qué medida los sistemas de IA comparten o podrán compartir las características de la conciencia (…) ¿Pueden las máquinas ser centros de experiencia, pueden tener algún tipo de voluntad y conciencia moral, pueden ser conscientes de ser conscientes, e incluso podrían tener algún sentido de lo que significa ser ellas mismas? ¿Podría haber fantasmas en las máquinas de IA?

 

Concebir el futuro de los seres humanos únicamente en términos de IA es perder de vista el panorama más amplio, en el que todo tipo de tecnologías existentes, emergentes y aún no inventadas convergen, interactúan y amplifican mutuamente el impacto.

 

«Los únicos que serán realmente felices

son aquellos que hayan buscado y descubierto cómo servir»[vi]

 

Conclusión

¿Cómo podemos servir en la era de la Inteligencia Artificial?

 

Si queremos pensar de manera responsable sobre el impacto de la IA en la humanidad, debemos mirar mucho más allá de las tecnologías actuales (…) necesitamos comprender el contexto de la IA —su historia, su trayectoria y los factores que impulsan su avance—. Y deberíamos centrarnos tanto en los resultados de estos sistemas extraordinarios como en su funcionamiento (…)

El alcance de la IA se extenderá mucho más allá de la automatización de la actividad humana actual. Transformará la forma en que vivimos y trabajamos, y conducirá a cambios radicales en las instituciones y estructuras de larga data que sustentan nuestra sociedad actual. Todavía nos encontramos en una fase temprana de evaluación de las ramificaciones de está transformación.

Riesgos profundos van de la mano de los grandes beneficios potenciales de la IA (…) encauzar la inteligencia artificial (…) pensar filosóficamente. Necesitamos analizar las consecuencias de coexistir con sistemas de IA que puedan parecer disfrutar de conciencia. Deberíamos reflexionar en profundidad sobre la IA que pueda comunicarse directamente con los cerebros humanos y sobre sistemas que puedan crear mundos virtuales extraordinarios (…)

(…) pensar con claridad sobre la IA (…)

 

(…) evaluar el impacto y las implicaciones de tales sistemas. Desde el punto de vista tecnológico, ¿Conduciría esto de manera ineludible a sistemas masivamente capaces que sean superinteligentes? ¿Qué restricciones éticas querríamos imponer a estos sistemas? ¿Qué significarían esto para nuestros empleos? ¿Cómo compartiríamos la riqueza que crearían? ¿Cómo lo regularíamos? Incluso si la AGI[vii] no llega a materializarse, este tipo de pensamiento nos ayudará en la gestión de una IA más modesta.

 

«La manera de mostrar respeto a un sabio es aceptar sus enseñanzas,

pero la manera de respetar al filósofo es argumentar»[viii]

 

Descifrando la IA

Cómo usarla sin perder el juicio

Richard Susskind

Aranzadi

 

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«Lo que no puede pensarse

no puede hacerse»[ix]

 

ABRAZOTES


[i] Alfred Sonnenfeld

[iii] E. M. Foster

[iv] Pp., 65 (…) superinteligencia (…) “cualquier intelecto que supere con creces el rendimiento cognitivo de los humanos en prácticamente todos los ámbitos de interés” (…)

[v] Pp., 66 (…) “nos fusionaremos con la IA y nos aumentaremos con millones de veces la potencia computacional que nos otorgó nuestra biología. Esto ampliará nuestra inteligencia y conciencia de forma tan profunda que resulta difícil de comprender” (…)

[vii] Inteligencia Artificial General

[viii] Mary Geach

[ix] Rais Busom 

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