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lunes, 23 de octubre de 2023

La venganza del campo ¿Por qué el sector primario es pisoteado y perseguido por la misma sociedad a la que da de comer?

Estimad@s amig@s

Sinopsis

El campo se vengará, al modo bíblico, con escasez y brutal encarecimiento de los alimentos, de la sociedad que lleva décadas despreciándolo.

La venganza del campo ya está aquí. Los precios de los alimentos suben con fuerza y las olvidadas crisis alimentarias amenazan con reaparecer. ¿Por qué? ¿Por qué ayer sobraban alimentos y hoy parecen faltar? El desprecio al campo y los desajustes de la desglobalización son las razones principales. Sin embargo, los responsables públicos culpan, injusta y demagógicamente, a distribuidores y agricultores, tratando de justificar sus propios yerros y desvaríos.

¿Cómo se ha podido llegar a esta triste, injusta y suicida situación? ¿Cómo ha sido posible que la sociedad desprecie a los que les dan de comer? ¿Por qué los agricultores, los ganaderos y los pescadores hemos pasado de héroes a villanos? ¿Por qué la sociedad actual no solo no nos valora, sino que, al contrario, nos considera enemigos del medio ambiente, parásitos de la PAC, «señoritos» de otros tiempos, maltratadores de animales? ¿Por qué, si los precios suben, se siguen abandonando nuestros campos?

Este breve ensayo trata de comprender los porqués y los cómos de esta situación paradójica y contradictoria. Castigamos a las gentes del campo mientras les exigimos alimentos abundantes, sanos y a precio de saldo. Queremos comida buena, bonita y barata, pero sin agricultura ni agricultores; carne sin ganadería ni ganaderos; pescado sin pesca ni pescadores. Protestamos por el encarecimiento de los alimentos al tiempo que prohibimos los trasvases, perseguimos a las granjas o cuestionamos los regadíos y los abonados, entre otras muchas limitaciones o interdicciones. Y, claro, eso no funciona.

A lo largo de estos años, los agricultores agonizan sin que a la sociedad que alimentan parezca importarle lo más mínimo. Los agricultores, ganaderos y pescadores no son parte de problema, son parte de la solución. Desean trabajar en paz, con dignidad, de manera sostenible y rentable, para cumplir con su misión trascendente de proveernos de alimento. No trabajan solo por el pan de sus hijos; lo hacen, sobre todo, por el pan de los hijos de todos los demás.

 

«La agricultura es la profesión propia del sabio,

la más adecuada al sencillo

 y la ocupación más digna para todo hombre libre»[i]

 

Introducción

(…) las técnicas agronómicas han avanzado tremendamente y el sector primario, un sector de vanguardia, ha estado presto a incorporar las nuevas tecnologías para la mejora de sus producciones. Mejoras genéricas nuevas técnicas de cultivo, optimización de regadíos e incorporación de la digitalización a su cadena de valor (…) han incrementado sensiblemente los rendimientos (…) los agricultores, ganaderos y pescadores pueden dar de comer, con generosidad, abundancia y calidad, a una población mundial que se ha multiplicado por cuatro en el último siglo. Una proeza digna de ser valorada (…)

(…) no ha sido así. La sociedad, lejos de agradecerles su sacrificado esfuerzo, les apunta con su dedo acusador. “¡Culpables!” (…) son despreciados, minusvalorados, cuando no abiertamente insultados, como retrógrados, parásitos, remoras, enemigos del medio ambiente y maltratadores animales (…) ¿Quién quiere trabajar en el campo después de décadas de precios ruinosos y de cruel desdén colectivo? (…)

 

(…) siguen sin comprender que los profesionales del sector primario son parte de la solución, que no del problema (…)

 

(…) ¿Quién es el responsable de que la comida ―buena, bonita y barata― a la que estábamos acostumbrados se encarezca inesperadamente? (…)

 

Los alimentos, más allá de cuestiones climáticas, suben por los desajustes de la desglobalización y por las restricciones y dificultades de todo tipo que el sector agrario, despreciado, ha experimentado durante estos últimos años. La desglobalización ha añadido incertidumbre e inseguridad a la cadena de suministros, lo que cebará la subida de precios agrarios. Tampoco la distribución es la responsable de la subida. Al contrario, su poder de compra, muy superior al de los productores, deflactó y deflacta los precios agrarios, presionando a la baja lo que percibe el agricultor , hasta, en ocasiones, el mismo punto de ruina (…)

(…) hace falta inteligencia, voluntad, tecnología y, también, discurso para que la sociedad los deje trabajar con rentabilidad (…)

 

(…) la sociedad no toma sus decisiones por cuestiones técnicas, sino que principalmente lo hace por las ideológicas y morales (…) si existe una estrategia energética, ¿por qué no habría de existir una alimentaria, más necesaria y perentoria aún?

La agricultura ha superado enormes retos técnicos y agronómicos, pero le ha faltado la construcción de discurso y de comunicación (…)

 

«El hombre retrocede,

 el lobo avanza»[ii]

 

¿El agricultor es un héroe o un villano? Ni lo uno ni lo otro, somos profesionales con un alto grado de vocación, comprometidos con una gran responsabilidad dar de comer a la población, preservar el medio ambiente, cuidar el entorno… pero por otro lado creo que muchas veces no hemos manejado bien la comunicación, no se proyectó una imagen real de nuestro trabajo y de aquellos barros estos lodos.

 

Ahora que los precios de la cesta de la compra están disparados lo fácil es decir que el agricultor se está lucrando. ¿Nos hemos parado a preguntarnos cómo está afectando la guerra de Ucrania al precio de los fertilizantes, el gasoil B, o los cereales por ejemplo?

 

Manuel Pimentel recopila en La venganza del campo artículos escritos estos últimos años donde pone el foco en la protección /desprotección del sector agroalimentario. Las criticas al agricultor, la criminalización de las granjas o la persecución a la que parte de la clase política somete al sector.

 

Conozcamos al sector, si lo hacemos puede que lo critiquemos menos. Por nuestra parte como profesionales del mismo trabajemos en explicar mejor qué hacemos, cómo lo hacemos, cuánto valor aportamos /compartimos.

 

«La Agricultura se ve fácil cuando el arado es un lápiz

y se está a mil millas del campo de maíz»[iii]

 

La venganza del campo (I)[iv]

Lo llaman cadena de valor. El precio final que paga el consumidor debe retribuir a la cadena de supermercados, al fabricante, al transportista, al almacenista y finalmente, al agricultor. ¿Adivina quién es el que menos percibe de la cadena? (…)

 

(…) algunos países, como China, están comprando masivamente tierras en terceros países (…) ¿Qué hacemos nosotros? (…)

 

La venganza del campo (II)[v]

La sociedad ―al menos la desarrollada― está convencida de que tiene la alimentación garantizada de por vida (…) minusvalora la importancia de la agricultura y los agricultores (…)

 

(…) ningún estratega contempla la hipótesis de la carencia de alimentos. Pues se equivocan. Deberían considerarla como una posibilidad cierta y no tan distante en el tiempo.

 

(…) con menos tierra, menos agua y una energía más cara, tendrán que ingeniárselas para que no falten alimentos a una población creciente (…)

 

Sine agricultura, nihil.

Sin agricultura, nada[vi]

(…) el campo se abandona, las ciudades grandes crecen, en detrimento de ciudades pequeñas y pueblos. El interior de España se despuebla, los campos se abandonan (…)

 

(…) el urbanita cree que el campo es un lugar idílico en el que pasar el fin de semana (…) a los agricultores los llama campesinos y los toma como una rareza etnográfica (…) los urbanistas aman los paisajes vírgenes y se muestran sensibles contra la huella de su actividad agraria con sus roturaciones, sus abonos, sus fitosanitarios, su maquinaria y su agroindustria.

 

(…) en 2050 habitaran el planeta 9700 millones de habitantes. Para poder abastecer su demanda, la producción agrícola tendrá que incrementarse al menos un 50% (…) ¿Se puede conseguir el milagro? (…)

 

¿Cuándo comenzamos a odiarnos como humanidad?[vii]

(…) si limitamos nuestras actividades agrícolas, ¿Cómo comeremos? Pues nadie parece interesado en responder a esa pregunta esencial (…)

 

(...) cada día que pasa, como humanidad, nos odiamos un poco más, al tiempo que odiamos crecientemente a los que trabajan la tierra para darnos de comer porque no se adecuan a nuestro imaginario de un mundo rural destinado al parecer, exclusivamente, al paseo y la sonrisa.

 

Los agricultores despreciados por los urbanitas[viii]

Los alimentos, para los urbanitas, son algo que aparece casi por generación espontanea en los anaqueles de los supermercados. Son abundantes, variados, saludables y, en términos relativos, muy baratos (…)

 

Cometemos un gran error como sociedad si olvidamos el papel estratégico de la agricultura como productora de alimentos. Hoy parece que nos sobran, pero algún día podrían resultar escasos (…)

 

(…) si los agricultores no logran ser vistos como agentes imprescindibles y estratégicos para la producción de alimentos, su papel seguirá siendo de extrema debilidad (…)

 

El rugido del campo[ix]

El campo se nos muere. Día a día se desangra. Explotaciones invisibles con las actuales estructuras de costes e ingresos que drenan la vida y la economía de agricultores y ganaderos. Los precios agrarios, a niveles de veinte años atrás, no dan para cubrir siquiera lo que cuesta su producción ¿Cómo viven entonces, las familias que aún están empeñadas en explotar la tierra que hasta ahora los sustento? (…)

 

Ya no queremos crecer, pero no conocemos alternativa[x]

¿Crecer? Ya no estamos seguro de que el crecimiento de por sí nos proporcione un futuro viable. La tierra debe tener un límite sostenible e intuimos que sobrepasarlo tendrá graves consecuencias (…)

 

Foodtech o la revolución alimentaria[xi]

El concepto foodtech se sustenta en tres patas. La más importante, sin duda, la tecnología, la real palanca de transformación. La segunda, la de la inversión necesaria para poner en marcha costosísimos proyectos de investigación. La tercera, los valores y tendencias sociales a los que sirve. La mezcla de todo ello ―necesidad alimentaria, dinámicas sociales y económicas, posibilidades tecnológicas― ha hecho surgir con fuerza el foodtech, el conjunto de las innovaciones, a veces disruptivas, que se aplican a toda la cadena agroalimentaria, desde el campo al consumidor, pasando por la distribución, manipulación y restauración, terminando por el reciclaje de los desperdicios (…)

 

La venganza del campo (III)[xii]

(…) el trigo ucraniano se pierde sin poder salir de puerto, la India prohíbe la exportación de trigo; Camboya y Vietnam, la de arroz; entre otros muchos dislates. ¿Qué ocurre? ¿Si hasta ayer sobraban alimentos, por qué parecen faltar ahora? (…) la escasez alimentaria, ¿se debe a problemas agronómicos? ¿Es que la agricultura y la ganadería son incapaces de abastecer la demanda mundial? (…) ¿Cuál es entonces el problema? El problema no radica en la insuficiente producción agraria, sino en los desajustes que se producen en su distribución global (…)

 

¿Quién quiere trabajar en el campo?[xiii]

(…) a la pregunta clásica de “¿estudias o trabajas?”, un primero responde “tengo una startup de data analytics” y un segundo “tengo una granja de cerdos”, ¿Quién tiene más posibilidades de triunfar? (…) ¿Cómo atraer entonces talento joven a un sector que hemos desprestigiado entre todos? ¿Cómo conseguir relevo generacional en explotaciones que, a día de hoy, exigen un gran sacrificio sin verse recompensadas por la adecuada rentabilidad ni prestigio social?

 

¿Tenemos derecho a comer animales?[xiv]

(…) en estos últimos años ha ido apareciendo un activismo que ataca, directamente, a granjas, mataderos o restaurantes especializados en productos cárnicos. Podríamos pensar que se trata de la opción de una minoría radical (…) pensamos que no se trata de algo esporádico ni pasajero, sino que, en verdad, es la avanzadilla de una corriente de pensamiento, que aúna vegetarianismo y animalismo y que tratará de reducir, cuando no directamente de prohibir, el consumo de carne, lo que supondría mermar y encarecer nuestra calidad alimentaria, además de la desaparición de un sector que genera riqueza y empleo (…)

 

La carne y los ganaderos[xv]

(…) comamos proteínas animales, pero sin matar animales. Comamos carne, pero sin ganaderos, ni granjas, ni mataderos. ¿Cómo? (…) con granjas de insectos (…) con falsa carne de proteína vegetal (...) con carne cultivada en laboratorio (…)

 

(…) ¿Tiene sentido (…) arremeter contra una granja de cerdos pero, por el contrario, bendecir y alabar una de insectos? ¿No consumen o impactan por igual? ¿No resulta paradójico protestar contra las granjas y, sin embargo, dar la bienvenida a enormes y contaminantes industrias, todo química, depósitos y biorreactores, que fabrican carne sintética? (…)

 

«Los imperios,

una vez alcanzado su esplendor,

 siembran la semilla de su decadencia»[xvi]

 

La venganza del campo

¿Por qué el sector primario es pisoteado y perseguido por la misma sociedad a la que da de comer?

Manuel Pimentel

ALMUZARA

 

Link de interés

• Foodtech: La gran revolución de la industria agroalimentaria

• El fin del mundo es solo el comienzo

 

«Sin agricultura,

 ningún futuro es posible»[xvii]

 

ABRAZOTES


[i] Marco Tulio Cicerón

[ii]

[iii] Dwight D. Eisenhower

[iv] Cinco Días, 19 de agosto de 2009

[v] Cinco Días, 20 de noviembre de 2009

[vi] La información, 23 de octubre de 2018

[vii] La información, 3 de septiembre de 2019

[viii] Cabeceras de Publicaciones, 16 de octubre de 2019

[ix] Cabeceras de Publicaciones, 19 de febrero de 2020

[x] EsPúblico, 12 de noviembre de 2021

[xi] The Objective, 11 de mayo de 2022

[xii] The Objective, 7 de junio de 2022

[xiii] The Objective, 23 de marzo de 2023

[xiv] The Objective, 18 de mayo de 2023

[xv] The Objective, 31 de agosto de 2023

[xvi] introducción a la historia, Ibn Jaldún

[xvii] Manuel Pimentel 

viernes, 4 de agosto de 2023

Rommel, El zorro del desierto

Estimad@s amig@s

Sinopsis

A principios de 1941, el famoso octavo ejército británico estaba camino de la victoria en el norte de África. Apenas unos meses después, el mismo ejército estaba al borde de la derrota total y los alemanes ganaban una victoria tras otra, amenazando con invadir Egipto y Oriente Medio.

Esta es la biografía del hombre que planeó este gran giro de los acontecimientos, el mariscal de campo Erwin Rommel, comandante del Afrika Korps alemán. El hombre que quemó la orden de Hitler para ejecutar a los invasores británicos y que dio a los prisioneros aliados la misma comida y tratamiento médico que a sus tropas. El mismo general que personalmente llevó a cabo un reconocimiento bajo el fuego enemigo yendo en un coche abierto, mientras el resto de comandantes se escondían en las torretas blindadas de sus tanques.

El autor de este libro, el general de brigada Desmond Young, luchó contra Rommel en el norte de África, fue capturado por él y, después de su liberación al final de la guerra, visitó a la familia de Rommel y habló con muchos de sus compañeros. Por lo tanto, es capaz de hablarnos de todas las intrigas que se fraguaron en el alto mando alemán durante la guerra, es capaz de dar una descripción detallada de las batallas decisivas como Tobruk y El Alamein, y es capaz de contar anécdotas personales sobre Rommel y separar los hechos de las leyendas que han surgido en torno a este extraordinario general.

 

«(…) fue un hombre que

 “se lanzaba en el huracán y dirigía en la tempestad”»[i]

 

Prefacio[ii]

(…) no es posible que un jefe enemigo consiga semejante reputación si no es una personalidad fuera de lo corriente, y desde luego, Rommel era un ser excepcional. Alemania ha producido muchos generales que eran a la vez competentes y de rudo carácter; Rommel destacaba entre ellos porque supo sobreponerse a la característica rigidez del espíritu militar germánico y porque poseía (…) grandes dotes para la improvisación.

(…) entrenamiento verdaderamente sistemático (…) se mostró siempre como el mejor hombre en el campo de batalla (…) su obstinación, de su mente pródiga en recursos, de su agilidad moral (…)

(…) en su vida privada, un hombre sencillo y amante del hogar (…) quizás ese detalle influyera grandemente en su extraordinario éxito como conductor de hombres en la batalla.

(…) si ha existido alguna vez un general cuya única preocupación era derrotar y destruir al enemigo, ese hombre se llamaba Rommel. Ni mostraba contemplaciones, ni las esperaba para él (…)

 

«Servid de ejemplo a vuestros hombres,

tanto en el terreno militar como en la vida privada.

 No ahorréis sacrificios y haced comprender a las tropas

 que sois infatigables y no os amilanáis ante las privaciones.

 Mostrad siempre un tacto y una educación extraordinarios,

 y enseñad lo mismo a vuestros hombres.

 Evitad la excesiva dureza o una voz demasiado imperiosa,

 signos ambos de que se tiene alguna cosa que ocultar»[iii]

 

¿Qué puede aprender un directivo de Rommel?

― ¿Qué aportaría un perfil como Rommel a un comité de dirección?

― ¿Y al Consejo de Administración?

• ¿Lo querrías tener como un consejero ejecutivo, dominical o independiente?

• ¿Por qué?

 

― ¿Qué enseñanzas se pueden extraer del libro Rommel, el zorro del desierto?

― ¿Es un libro para directivos?

― ¿Qué libros debe leer un directivo?

• ¿Por qué?

 

Cuando tus supuestos enemigos escriben un libro sobre ti deberíamos pregúntanos ¿Hemos hecho algo bien?

― ¿Qué hizo bien Rommel?

― ¿Es extrapolable al mundo del management?

 

¿Fue Rommel un líder?

― Cuales eran sus fortalezas?

― ¿Y sus debilidades[iv]?

 

«Un buen general no solo sabe encontrar el camino a la victoria,

sabe además cuando esta es imposible»[v]

 

Conviene, ciertamente, que los hombres de Estado sean quienes digan la ultima palabra, por encima de los militares, porque solo ellos poseen una visión general de la situación (…)

 

(…) Rommel (…) se había identificado a tal punto con el Afrika Korps, había causado en sus adversarios una impresión tan fuerte, y los corresponsales de guerra ingleses y norteamericanos, así como los periódicos más pro-británicos cairotas, lo habían elevado tanto al pináculo, que el general alemán se había convertido rápidamente en la figura más conocida y hasta más popular de Oriente Medio (…)

 

En las filas del adversario (…) pertenecía a esta reducida falange de hombres excepcionales (…) pudo vérsele como un perfecto animal de combate, frio, astuto, implacable, sin dar jamás muestras de fatiga, rápido en las decisiones, increíblemente valiente (…)

 

El soldado profesional alemán ha asumido siempre la guerra con esa grave seriedad que los ingleses reservan exclusivamente al deporte y los norteamericanos a la vez al deporte y los negocios (…)

 

(…) era exigente, aunque jamás pidiera a nadie lo imposible, ni algo que él mismo no pudiera hacer (…) se inclinaba siempre a hacer recaer sobre sus errores personales de táctica la responsabilidad de las perdidas sufridas (…)

 

(…) ¿Se interesaba Rommel por algo en particular? (…) no creía que Rommel hubiese tenido en la vida más preocupación que la de la guerra. Cuando no se hallaba poniendo en práctica su genio táctico aplicado a uno u otro problema bélico, se dedicaba a forjar y combinar planes con vista a poner en dificultad al enemigo (…)

 

(…) era un hombre duro, duro con todos y de modo especial con los oficiales (…) cuando estaba uno cerca de Rommel, no tenía que echar mano de ninguna preocupación (…) exigía que todas las ordenes fueran cumplidas con prontitud y al pie de la letra (…)

 

(…) sembrar la confusión en las líneas de retaguardia del enemigo desmoraliza más a éste que las pérdidas que puedan infringirse, por fuerte que sean (…)

 

(…) sus hombres sabían que tenían un jefe que podía cometer algún error, pero que no vacilaría jamás en “empujar hacia adelante”.

 

(…) Rommel utilizaba y dirigía sus fuerzas, numéricamente escasas, con maña y habilidad nada corrientes (…) es innegable que vale más la experiencia de una semana de combates en el frente que seis meses de maniobras.

(…) Rommel conocía mejor que sus oponentes el asunto en que se metía. Lo mismo le ocurría a sus equipos de tanquistas (…) “con la superioridad de sus armas, no podían sino derrotarnos…” (…)

 

(…) admitamos que Rommel es más maestro de la táctica “por todo lo alto”, que un estratega (…)

 

La cualidad más extraordinaria de Rommel era indudablemente su capacidad de reacción. Apenas derribado estaba ya levantándose con la misma rapidez (…)

 

(…) como de costumbre (…) Rommel debió la mayor parte de sus éxitos iniciales a la velocidad y la maña (…)

 

Como Napoleón, Rommel podía dormir unos minutos sentado en su camión y con la cabeza apoyada en una mesa, para despertar completamente descansado (…)

 

(…) insistía en que se le sirviera la misma comida que a la tropa (…)

 

(…) se adentraba (…) por el desierto, que había aprendido a conocer bien, sin perderse jamás. Y ningún puesto estaba demasiado lejos para que Rommel desistiera de visitarlo (…)

Sus visitas a las primeras líneas no eran meras inspecciones de rutina. Con su mirada siempre atenta a las características del terreno y su gran maestría y dominio de las tácticas de infantería, no dejaba que pasara por alto ni un detalle (…)

 

(…) la atención que prestaba a los pequeños detalles, su fecundidad en ideas tácticas, su arte del movimiento a través del desierto impresionaba a los soldados y a los oficiales jóvenes. Veían en él a uno de los suyos, a un “tipo de primera línea”.

 

(…) destacaba sobremanera en el combate propiamente dicho. Era por naturaleza un jefe, un conductor de hombres (…) su mente era extraordinariamente ágil y poseía un golpe de vista excepcionalmente rápido para captar la realidad de cualquier situación militar (…)

 

(…) utilizaba constantemente sus columnas militares para levantar nubes de polvo que dieran a suponer la presencia de divisiones blindadas (…) jamás se lanzaba (…) precipitadamente al campo de batalla, para dar ordenes improvisadas a individuos aislados o pequeñas unidades (…) eran siempre órdenes breves y claras (…) nunca tenía dudas acerca de lo que quería, ni dejaba que surgieran en la mente de sus subordinados.

 

(…) como Napoleón o Wellington, Rommel asumía riesgos graves (…) ¿Acaso podía hacer otra cosa, dado que queria dirigir el combate personalmente? Eran los riesgos del oficio. Y él los aceptaba serenamente (…)

 

(…) desde el primer momento, con su influencia personal, su ejemplo, su entereza de carácter, asumiendo riesgos aún mayores que los de sus tropas, transformo estás en una fuerza combatiente dura, incisiva, tenaz (…) Rommel era el Afrika Korps, lo mismo para sus propios hombres que para sus enemigos. El daba a sus soldados confianza en sí mismos, espíritu temerario, arrogancia incluso en lo más duro del combate. El fue quien les enseñó a utilizar al máximo hasta las últimas energías que pudieran quedarles y no darse nunca por vencidos (…) sentirse miembros (…)

(…) no admitía pregunta alguna acerca de sus órdenes y no soportaba que nadie le dijera que algo era imposible (…)

(…) poseía un sexto sentido cuando se sumergía en el combate (…)

 

(…) el tacto no era precisamente el punto fuerte de Rommel (…)

 

(…) en el desierto, el orden de prioridad que Rommel había adoptado era: 1.º el combustible y el aceite pesado; 2.º el agua; 3.º los alimentos; 4.º los prisioneros (…)

 

(…) parecía dotado de un instinto particular para descubrir los lugares donde algo fallaba (…)

 

(…) nadie como él sabia elevar la moral de las tropas más fatigadas y apáticas (…) “Estaba muy bien dotado para el manejo de hombres u sabía como hablarles” (…) hablaba siempre libremente con hombres de todas las categorías. Les explicaba con claridad y paciencia sus ideas y lo que de ellos esperaba exactamente (…)

 

(…) Rommel, los mismo que Montgomery, comprendía que en cierto modo la propaganda explotando su propia personalidad significaba un arma a su favor (…)

 

(…) es un jefe enérgico, lleno de determinación; todo ha cambiado desde que ha tomado él el mando. Es el mejor en operaciones por sorpresa; su fuerte es la ruptura; pero resulta demasiado impulsivo cuando se trata de una batalla ordenada (…)

 

«Un hombre debe ser juzgado en función

de los enemigos que tiene»[vi]

 

Los “papeles” de Rommel

(…) poseía, a la vez que grandes cualidades de jefe militar, una capacidad de expresión directa, clara, llena de energía (…)

 

(…) la velocidad de las operaciones y la rapidez en las decisiones del mando, son factores decisivos. Las tropas deben actuar a toda velocidad y completamente coordinadas (…) el adversario más rápido es el que gana la batalla (…)

(…) los deberes de un jefe no se limitan al trabajo de Estado mayor. El jefe debe interesarse por todos los detalles del mando y prodigar su presencia personal en primera línea (…)

 

El jefe debe estar constantemente en contacto con sus tropas. Debe sentir y pesar como ellas (…)

 

«Cada soldado debe saber,

 antes de entrar en acción,

 como la pequeña batalla que él peleará

 encaja en el panorama completo

 y cómo el éxito de su esfuerzo

 influirá el resultado de la batalla como un todo»[vii]

 

Rommel

El zorro del desierto

Desmond Young

Círculo de lectores


Link de interés

• El arte de mandar bien: Querer, poder, saber

• Ser ejemplo: Pequeños grandes líderes

• La inteligencia como herramienta anticipativa Prospectiva: Del campo de batalla a la empresa

• Inteligencia competitiva: ¿Espías?, ¿Oráculos?, ¿Estrategas?

• El arte de la guerra

• Estrategia: Una historia

 

«cerebros ágiles y

 manos diligentes»[viii]

 

ABRAZOTES  


[i]

[iii] Rommel

[iv] Puntos de mejora

[v] Rommel

[vi]

[vii] Montgomery

[viii]