jueves, 3 de enero de 2019

Elogio de la sed


Estimad@s amig@s

Sinopsis
Todos sabemos cómo es la agonía de tener sed y querer saciarla. De esto nos habla José Tolentino Mendonça en este maravilloso libro que recoge sus reflexiones sobre los Ejercicios Espirituales de la Cuaresma, que impartió en 2018 al papa Francisco y a la Curia romana.
La sed más profunda nos ofrece un viaje con dos posibles recorridos. El primero, es el de la sed más cruda y real -la de las periferias del mundo, la de quien se muere o la de quien no encuentra salida-. El segundo, nos lanza a la sed de muchos por descubrir más y crecer humana y espiritualmente. Dos tipos de sed que se calman en un mismo manantial de agua viva, limpia y fresca, llamado Jesús.

«No es fácil reconocer que se tiene sed.
Porque la sed es un dolor
que descubrimos poco a poco
dentro de nosotros, por detrás
de nuestros habituales relatos defensivos,
asépticos o idealizados; es un dolor
antiguo que, sin apenas darnos cuenta,
descubrimos como que se ha reavivado,
y tememos que nos debilite;
son heridas que nos cuesta afrontar
y, más aún, aceptar confiadamente»

Prólogo del papa Francisco
(…) no es una sed de agua, sino de algo mayor: sed de saciar nuestra sed, en entrar en contacto con nuestras heridas (…)

«Si quieres construir un barco, no empieces por enviar a
los hombres a buscar madera, distribuir el trabajo y dar
órdenes. En vez de eso, enséñales a anhelar el vasto e
inmenso mar, cuando se haya avivado esa sed, entonces
 hay que ponerse a trabajar para construir el barco»
Antoine de Saint-Exupéry

Elogio de la sed, es una obra que nos permite reflexionar despacio, con calma, buscar en nuestro interior ¿de qué tenemos sed? ¿por qué tenemos miedo a decir las tres palabras dós moi peín «dame de beber»?

Personalmente encuentro necesario de vez en cuando parar máquinas y buscar algún libro ―espacio de reflexión que nos haga chequearnos por dentro ¿cómo estamos? ¿qué sentimos? ¿qué nos falta? ¿qué podemos aportar a los demás y no estamos haciendo? ¿Qué nos frena? ¿qué nos impulsa? ¿qué legado queremos dejar a las siguientes generaciones? ¿qué nos desilusiona?

«El camino tiene más que enseñarnos
que la posada»
Don Quijote de la Mancha

Desaprendamos, pues, para aprender aquella gracia que hará posible la vida dentro de nosotros, desaprendamos, pues, para aprender ―en nuestra pobreza, en nuestra realidad (…)

«El que tenga sed,
que se acerque…»
(Ap 22,17)

(…) ¿Acaso reconocemos la sed que hay en nosotros? ¿Somos conscientes de la deshidratación que, voluntaria o involuntariamente, nos imponemos? ¿Nos tomamos tiempo para descifrar el estado de nuestra sequedad?

El dolor de nuestra sed es el dolor de la vulnerabilidad extrema, cuando las limitaciones nos aplastan (…)

(…) es tan fácil idolatrar la prisa y el vértigo en este nuestro tiempo hipertecnológico y que rinde culto a la instantaneidad, a la simultaneidad y a la eficacia (…)

(…) del mismo modo que nuestra hambre no es de solo pan, tampoco nuestra sed es de solo agua.

Contactar con nuestra propia sed no es una operación fácil (…)

Hemos de perder el miedo a reconocer nuestra propia sed y nuestra sequedad (…) ¿Cómo percibe cada uno de nosotros la forma en que dicha sequía le invade?

Escuchar la propia sed es interpretar el deseo que habita en nosotros (…)

(…) debamos reconciliarnos con nuestra vulnerabilidad (…) una de nuestras peores tentaciones es la tentación de la autosuficiencia y la autorreferencialidad. Cuando caemos en ella, hacemos de la vida una cápsula insonorizada que puede asemejarse a una cómoda zona de confort, la cual, sin embargo, nos sume en una anorexia mortal (…) abrazar la vulnerabilidad del otro es acceder a su deseo de ser reconocido y tocado (…) [Mt 8,3]

(…) la sed nos enseña el arte de buscar, de aprender, de colaborar, la pasión de servir. Es cuando renunciamos a la sed cuando empezamos a morir, cuando desistimos de desear, de encontrarle el gusto a nuestros encuentros, a nuestras conversaciones, a nuestras charlas, a salir de nosotros mismos, a nuestros proyectos, a nuestro trabajo, incluso a nuestra oración (…)

(…) «síndrome del buen samaritano desilusionado», afecta a muchos de cuantos han hecho de la ayuda y la atención a los demás la ocupación de su vida (…)

(…) el problema no radica en el exceso de actividad, sino, sobre todo, en la actividad mal vivida, sin la motivación adecuada (…)

(…) la mirada que observa desde fuera y desde otro ángulo descubre a menudo aspectos de la realidad que nos complementan (…)

(…) es importante que nos preguntemos que es lo que la sed nos ha enseñado a nosotros. Qué es lo que, concretamente, hemos aprendido y lo que la sed ha modelado y abierto en nosotros.

(…) ha de preguntarse siempre no solo: «¿qué hago con el poder que me ha sido confiado?» (…) «¿qué es lo que el poder ha hecho de mí?».

«Estoy aquí para servir»
(cf. Heb 11,13)


Link de Interés

«(…) sin sufrimiento nuestro trabajo
 sería tan solo un servicio social
 muy bueno y muy útil (…)»
Madre Teresa de Calcuta

Recibid un cordial saludo
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