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viernes, 12 de abril de 2024

La segunda carrera: Todo lo que un directivo debe hacer tras finalizar su etapa ejecutiva

Estimad@s amig@s

Sinopsis

Guía para planificar el día después y disfrutar de una fructífera prolongación de la vida profesional. Consejero, senior advisor, business angel y otras posibilidades muy satisfactorias para aportar valor, sabiduría, prestigio y experiencia.

La vida ejecutiva es finita, por lo que algún día terminará. Es justo en ese momento cuando el directivo se enfrenta a la disyuntiva de «no hacer nada» o seguir con «algún tipo de actividad profesional». En ese momento, podrá aproximarse al mercado de la «segunda carrera» donde encontrará figuras como la de ser consejero, interim manager, miembro de un consejo asesor, senior manager de un fondo o convertirse en docente, entre otras.

En este innovador libro, el autor nos ofrece una guía completa para planificar y disfrutar de una prolongación fructífera de nuestra vida profesional en la que descubrirá la forma de aportar valor, sabiduría, prestigio y experiencia en esta nueva fase de tu trayectoria.

Con un enfoque dinámico y cercano, nos ofrece una brújula inspiradora que señala el abanico de oportunidades en el emprendimiento, la consultoría, la educación o la filantropía. Para ello, nos guía desde el «día de después» analizando las características, ventajas e inconvenientes de cada una de las opciones, así como las actividades más adecuadas en cada caso y en función de las características personales.

Con talento y experiencia acumulada en el mundo empresarial, Alfonso Jiménez nos guía con precisión y cercanía, convirtiendo cada página en una fuente de motivación y descubrimiento. Prepárate para una travesía transformadora donde el pasado es solo el prólogo y cada día es una oportunidad para reinventarse. ¡Bienvenidos a un viaje hacia nuevas y emocionantes oportunidades!

 

«Todos somos trocitos de lo vivido»[i]

 

Prólogo[ii]

El gran reto para el directivo es cómo seguir haciéndolo cuando llega el final de su etapa activa (…) la carrera de un directivo suele estar definida por años de dedicación, liderazgo y toma de decisiones ¿Qué sucede cuando llega el momento de despedirse de la cúspide ejecutiva? (…)

(…) en el ámbito directivo, la experiencia acumulada durante décadas se revela como un activo incalculable, capaz de transformarse en una fuente inagotable de aprendizaje y mentoría. La riqueza de conocimientos y habilidades adquiridos a lo largo de una carrera exitosa no se desvanece de la noche a la mañana. El tiempo, ese maestro implacable, deja tras de sí una estela de experiencias que se convierten en la esencia misma de la sabiduría (…) la experiencia acumulada brinda a los directivos una perspectiva única, permitiéndoles anticipar las consecuencias de sus decisiones y proporcionar un marco reflexivo para las generaciones venideras (…)

(…) en la actualidad, se habla mucho de propósito y demasiado poco de legado (…) en un mundo cada vez más interconectado, la diversidad de pensamiento resulta de la colaboración intergeneracional se convierte en un factor clave para la competitividad.

(…) emprendimiento, consultoría, educación o la filantropía (…) cualquier directivo encontrará la faceta en la que su personalidad mejor pueda encajar en esa segunda etapa de vida profesional, una etapa que puede estar repleta de descubrimientos y contribuciones significativas.

 

«La trama nunca termina,

solo se reinventa…»[iii]

 

Alfonso Jiménez nos propone en La segunda carrera profesional reflexionar, trabajar una hoja de ruta a corto ―medio plazo ¿Qué hacemos si la compañía para la que trabajamos mañana pone encima de la mesa un plan de prejubilaciones?  

 

A mí no me va a pasar, soy imprescindible en la compañía, ¿estás seguro? Abdicar el día después no debería ser una opción que se nos pase por la cabeza. Debemos dedicar tiempo a planificar, diagnosticar, ir diseñando escenarios, hacernos preguntas:

Ø  ¿A qué me quiero dedicar una vez finalizada mi etapa ejecutiva?

Ø  ¿Encajan mis conocimientos en las necesidades que tienen los emprendedores?

    o   ¿Puedo ser un mentor que capture valor para los mentees?

Ø  ¿Encaja en tus planes ser senior advisor de compañía?

    o   ¿Qué les puedes aportar?

Ø  Has dejado de ser un ejecutivo pero tienes un gran expertis en un campo concreto (pongamos por caso sostenibilidad) ¿te planteas dar el paso a formar parte como consultor?


Podríamos pasar horas formulando hipótesis, lo importante es empezar a planificar ―sin prisa, pero sin pausa―, debemos ir trabajando los cambios que se avecinan, las nuevas necesidades que tendremos, cómo las cubriremos y sobre todo dar respuesta al dónde podemos ser más útiles con nuestra agenda, conocimientos, habilidades, competencias…

 

«Todo directivo por mucho éxito o poder que tenga,

 algún día dejará de serlo…»[iv]

 

¿Qué es eso de la segunda carrera del directivo?

La carrera profesional es un proceso evolutivo que tiene sus etapas. Primero hay una etapa en la que un joven se forma para desempeñar un trabajo que aporta valor a través de una actividad en el mercado. La primera etapa profesional es de “formación”. En dicha etapa, que dura muchos años, su labor consiste en adquirir conocimientos genéricos algunos, especializados otros.

A esa etapa le sigue (…) los primeros pasos de acceso al mercado laboral, “los primeros empleos” (…)

(…) una siguiente etapa de “desarrollo” en la que el profesional adquiere nuevos conocimientos, pero también diversas “experiencias” (…)

En función de la capacidad de desarrollo, algunos profesionales podrán pasar a la siguiente etapa, por la que un profesional se convierte en un directivo (…) en esta etapa tendrán que trabajar duro, ser un ejemplo como persona y profesional, colaborar o establecer la estrategia, tener capacidad de implantación, pero, sobre todo, tendrá que dedicar gran parte de su agenda a la gestión de las personas y los equipos. Y tendrá que seguir creciendo en la estructura directiva de su empresa o de otras (…)

(…) todo directivo tiene que saber que, por mucho éxito o poder que tenga, algún día dejará de serlo, bien por razones personales o, más frecuentemente, porque alguien considerará que otro profesional lo puede hacer mejor.

 

Y en ese momento inicia un proceso, más o menos largo, de adaptarse a la nueva situación. La de ser un profesional que ha sido directivo, pero que ya no lo es.

 

El primer paso de esa segunda carrera debe ser hacer un autodiagnóstico riguroso del valor que puede aportar como profesional con base en cuatro elementos; los conocimientos, las experiencias, la marca personal y las relaciones, además de un análisis patrimonial (…)

 

Un alto ejecutivo en su segunda carrera tiene activos muy interesantes que puede aportar para un órgano de gobierno cuyas principales responsabilidades son la definición de la estrategia, la supervisión del negocio y aprobación de las cuentas, la identificación del los riesgoso la definición del la cultura y la política de sostenibilidad de la sociedad, ya que puede poner a disposición de dicho órgano los conocimientos y experiencias que ha acumulado durante años en su primera carrera. Adicionalmente, también pone al servicio (…) su reputación personal y su agenda de contactos.

(…) no todos los ejecutivos pueden ser buenos consejeros, ya que al tratarse de una función distinta requiere competencias también propias (…)

 

(…) formación en gobierno corporativo (…) tiene que formarse como profesional de Consejos y no presuponer que como directivo ya se sabe de buen gobierno (…)

 

(…) no existen tantas oportunidades para formar parte de Consejos de Administración. Hay mucha más oferta de profesionales que demanda (…)

(…) si bien el ser consejero es posiblemente la opción de “segunda carrera” más natural para un directivo, hay que ser conscientes de que el mercado es estrecho y los riesgos que se asumen son elevados (…)

 

Cuando un directivo (…) se plantea diversas alternativas de aportación de valor a un proyecto empresarial, una de las más interesantes es la de formar parte de un consejo asesor.

 

Es importante formalizar el marco de la colaboración con los profesionales, antes de iniciar su participación en el consejo asesor, y definir temas como: la política de no competencia, la no existencia de conflicto de interés, la confidencialidad, el modelo retributivo o la política de comunicación.

No todos los consejos asesores son iguales (…)

Ø  Consultivo

Ø  Técnico

Ø  Reputacional

Ø  Facilitador

 

(…) hay tipos de empresas para las que resultan especialmente útiles:

Ø  Startup

Ø  Empresas familiares

Ø  Empresas internacionales que aterrizan en un mercado

Ø  Grandes empresas

 

Un senior advisor es un profesional, normalmente en su segunda carrera, que posee conocimientos, experiencias, marca personal o contactos y relaciones de valor, que quiere seguir activo y, por tanto, ofrece sus activos al servicio de otros proyectos (…) a tiempo parcial y sin exclusividad (…)

 

El senior advisor puede tener también ciertas similitudes con el rol del consultor (…) el senior advisor trabaja solo, sin equipo (…) habitualmente no genera documentación detallada sobre los tema, sus ideas son más orales o con documentos, informes o presentaciones generales (…) es una figura que está a caballo entre la de un consejero asesor y la de un consultor, aunque tiene características propias que lo hacen diferente.

 

Entre las alternativas (…) es muy interesante siempre que se encuentre en condiciones de aportar valor en la cadena de operaciones de los fondos, desde la facilidad para identificar operaciones hasta participar en el proceso de due diligence, valoración, negociación e incluso en el proceso de supervisión de la propia operación.

 

Es complicado reclutar a un buen directivo que está en carrera para hacer un proyecto sin tener claro el siguiente paso y por ello nació la formula del interim manager.

 

(…) ser interim manager es una opción muy razonable para ser considerada (…) aunque el profesional deberá asumir el riesgo de los periodos de inactividad en los que además no es aconsejable asumir otras responsabilidades que posiblemente serian incompatibles con su nuevo contrato (…)

 

Cuando llega el día D y el profesional que ha ejercido la función directiva durante años se despide de ella, tiene diversas alternativas que tendrá que valorar en función de tres variables: el riesgo que quiere asumir, la dedicación que quiere tener a la actividad profesional en el nuevo periodo y su situación financiera, tanto en términos patrimoniales como de necesidades de renta para dicha etapa.

 

Una de las claves del modelo es establecer el nivel de inversión, pero también el nivel de dedicación. Puede llegar a ser tan envolvente y motivador que el profesional que el profesional que ha elegido está vía se vuelque en ella y viva los proyectos como si fuera el emprendedor (…) deberá entender que el protagonismo no deberá ser suyo, el business angels está para ayudar financieramente, y para ayudar con sus activos, pero no es su proyecto (…)

 

El emprendimiento “senior” es una opción que implica riesgo, una muy alta dedicación, cierta inversión y el retorno económico dependerá del resultado del proyecto emprendido.

 

Sería deseable que hubiera más directivos que tomaran este camino al finalizar su carrera ejecutiva por cuenta ajena, lo cual generaría más riqueza (…) es una opción de riesgo (…) unas competencias de emprendimiento que no todo directivo posee. La oportunidad está ahí y un pequeño porcentaje de los directivos hacen este transito (…)

 

Dos activos muy valiosos que posee el directivo cuando finaliza su función ejecutiva (…) son los conocimientos y las experiencias que ha ido adquiriendo durante toda su vida profesional.

 

El docente tiene diversas denominaciones, dependiendo del contexto, profesor, maestro, formador, instructor, pero todas ellas hacen referencia al hecho de enseñar, es decir, a facilitar el aprendizaje de conocimientos y experiencias a otros.  

 

Uno de los beneficios que el directivo obtiene en estas posiciones, tanto en fundaciones como en asociaciones, es que son espacios de relación profesional y personal a través de múltiples canales (grupos de trabajo, comisiones, seminarios, etc.), lo que le proporcionará el enriquecimiento de su red de contactos y que, en muchas ocasiones, serán de gran calidad.

 

La marca personal del directivo es la que posee en el momento de finalización de su carrera ejecutiva. Esa es su marca y tendrá que hacer un gran esfuerzo para mantenerla en el futuro (…) el directivo que quiera emprender una actividad de conferenciante en su segunda carrera tendrá que hacer un gran esfuerzo de gestión de su marca personal.

 

(…) en el porfolio de actividades de segunda carrera podemos incorporar actividades no lucrativas, lo importante es:

Ø  Tener un propósito que nos anime a levantarnos cada dia con ilusión.

Ø  Hacer actividades preferentemente sociales y que permitan establecer relaciones, evitando al máximo la soledad.

Ø  Aprender cosas nuevas.

Ø  Disfrutar con lo que se hace.

Ø  Ejecutar el cuerpo y el cerebro.

Ø  Y si además podemos ayudar a los demás con aquello que hacemos, mucho mejor.

 

«Quien tiene algo por qué vivir,

es capaz de soportar cualquier cómo»[v]

 

Epilogo[vi]

El autor nos guía a través de las diferentes facetas de esta etapa de reinvención, explorando la posibilidad de convertirse en miembro de un consejo asesor, profundizando en los roles del Senior Advisor y de Interim Manager en el mundo empresarial actual, y examinando de cerca el emprendimiento senior y las actividades académicas como alternativas valiosas en esta nueva fase profesional.

Nos sumerge, también, en el mundo de las asociaciones y fundaciones destacando el potencial de contribución y crecimiento personal que estas organizaciones ofrecen a los ejecutivos (…) la figura del gurú, del influencer, emerge como una oportunidad para compartir conocimientos y experiencias de manera significativa y enriquecedora.

 

Que este libro sea el comienzo de un viaje transformador hacia una segunda carrera llena de significado, logros y realización (…)

 

«Doble victoria tiene aquel quien se conquista

 a sí mismo»[vii]

 

La segunda carrera

Todo lo que un directivo debe hacer tras finalizar su etapa ejecutiva

Alfonso Jiménez

Almuzara

 

Link de interés

Reinventarse: tu segunda oportunidad

El arte de liderar: La dirección de empresas a través de quince conversaciones con líderes inspiradores

Silver Surfer: El futuro laboral es para los mayores de 40

Jubilado ¿Y ahora qué? Emprender en la jubilación

 

«Quien vive sin disciplina

muere sin honor»[viii]

 

ABRAZOTES


[ii] Ídem

[iii] Ídem

[v] Nietzsche

[vii] Jyrus

[viii] Proverbio islandés 

lunes, 3 de octubre de 2022

El banquero real: Bartolomé Spínola y Felipe IV

Estimad@s amig@s

Sinopsis

Un recorrido por la historia de Occidente a través de sus mitos más destacados.

De sangre noble, Bartolomé Spínola tuvo una larga y agitada vida. Su desembarco como hombre de negocios y posterior embajador de la República de Génova le abrió las puertas de la Corte en Madrid, lugar que ya no abandonaría hasta su muerte. Caballero de la Orden de Santiago y comendador de la Oliva, a los títulos y prebendas simbólicas sumó poder verdadero, primero de manera privada como prestamista de nobles y obispos y luego como factor general del rey Felipe IV.

La biografía de Álvarez Nogal, máximo experto en España de historia económica abre una vía nueva para conocer las crisis cíclicas del imperio español y la necesidad perenne de nuevos préstamos.

 

«Si tu negocio fracasa,

nadie recordara tu nombre.

Si tu negocio tiene éxito,

todos lo sabrán»[i]

 

Introducción

Cuando se observa el Museo del Prado el bullicio y, a la vez, la solemnidad representada por la rendición de Breda de Velázquez, es lógico preguntarse por las circunstancias que condujeron a aquel encuentro (…) el genio militar de Ambrosio Spínola hizo posible la victoria, pero ¿Cuánto costo aquella gesta de la que el rey tanto quería presumir? ¿Quién pagó a los soldados y a sus comandantes? ¿Cómo llegaron al campo de batalla, a más de mil seiscientos kilómetros de Madrid, el oro y la plata imprescindibles para lograr aquel triunfo? ¿Quién pagó a Velázquez la obra? (…)

 

(…) ¿Cómo funcionaba un banco en el Madrid de la primera mitad del siglo XVII? (…) a todos los banqueros, pero especialmente a los genoveses, dada su hegemonía e importancia, se les considera unos delincuentes, un grupo de ricos y arrogantes extranjeros que humillaban una y otra vez al rey de España y expoliaban las riquezas del reino a base de cobrar grandes intereses (…)

 

(…) la importancia de entender cuál era el negocio de los banqueros del rey, a que se dedicaban, cómo gestionaban sus empresas, cuáles eran sus estrategias, sus dificultades, sus logros, pero tambien sus riesgos y fracasos (…)

(…) los banqueros (…) hicieron alarde de su ambición y, en muchas ocasiones, tambien de su falta de escrúpulos, pero al mismo tiempo demostraron una extraordinaria inteligencia, audacia y capacidad de innovación (…)

 

Antes de trabajar para el rey, los banqueros debían demostrar su valía tratando como ahorradores, inversores, pequeños comerciantes, eclesiásticos e incluso ministros y oficiales reales (…)

 

(…) las dos partes en que está dividido el libro. La primera, de 1610 a 1626, estudia su etapa como banquero. Sus años de juventud, sus primeras decisiones, sus errores y su aprendizaje en un ambiente de gran incertidumbre. El destino no estaba escrito y sus metas eran ambiciosas. Esta etapa termino bruscamente en 1626, precisamente cuando mejor le iba. Cerró repentinamente su negocio y liquidó sus cuentas. La segunda parte del libro se centra en su actividad como factor[ii] general del rey entre 1627 y1644 . Después de diecisiete años de actividad privada, de haberse labrado un nombre e incluso de amasar una pequeña fortuna, decidió pasar al servicio del rey y cambiar su vida. Nunca dejo de ser un “hombre de negocios”[iii], pero desde entonces puso todas sus energías al servicio del rey a cambio de un salario (…) no era posible defender los intereses del rey y los suyos propios al mismo tiempo sin arriesgarse a terminar en la cárcel acusado de malversación.

 

«El dinero no tiene patria;

los financieros carecen de patriotismo y de decencia;

su único objetivo es ganar dinero»[iv]

 

Buen gobierno, credibilidad, ética, transparencia, cercanía, comunicación, dejarse ver (…) una de sus grandes aficiones: el teatro (…) las representaciones se habían convertido en algo más que un mero pasatiempo. En torno a ellas giraba gran parte de la vida política y representativa de la corte (…) —en la actualidad lo hemos sustituido por eventos, reuniones donde se potencia el networking, actuación diligente, lealtad para trabajar por un objetivo común que era dar servicio a la corona —hoy diríamos a los grupos de interés[v], ejemplaridad, liderazgo, gestión… ¿Qué diferencia a Bartolomé Spínola de la persona de vértice de una empresa actual?

 

Carlos Álvarez Nogal hace una descripción tan precisa del personaje y su contexto que es difícil no hacer comparaciones entre la gestión de la banca real del siglo XVII y lo que hoy en día es el gobierno de las compañías.

 

Defiendo la necesidad de buscar modelos de personas referentes, de las que poder aprender. Sin duda de la lectura de El banquero real extraeremos enseñanzas del modelo de gestión de Bartolomé Spínola.

« Las oportunidades pequeñas son el

principio de las grandes empresas »[vi]

 

(…) debían pedir permiso para abandonar la Corte, aunque fuese temporalmente, y no siempre le era concedido. Su crédito exigía estar disponible en todo momento y sus clientes, incluido el propio monarca, querían tener bien localizados a sus banqueros, verlos a diario si era posible y saber que su dinero e inversiones seguían a salvo.

 

(…) la ejemplaridad se convirtió en uno de los objetivos de la renovada monarquía, recuperándose una vieja orden de 1592, según la cual todos los miembros de los Consejos debían presentar una relación jurada de su hacienda antes de tomar posesión del cargo (…) evitar el enriquecimiento ilícito y las prácticas corruptas de quienes trabajaban en la administración real (…)

 

(…) los gestores daban el nombre a la compañía, porque en aquella época no había mejor carta de presentación, ni mejor marca, que el nombre de la persona que se haría cargo del negocio.

 

La responsabilidad de los gestores de una compañía de negocios era ilimitada. Todos los socios respondían con su patrimonio en el caso de producirse perdidas (…)

 

(…) sin un marco regulador adecuado, fue habitual que muchas compañías quebrasen cuando surgían rumores de insolvencia (…)

 

(…) lo difícil era conseguir crédito a un precio razonable, de forma regular y con la seguridad de que dispondría de él en diferentes ciudades y monedas. Acudir directamente al mercado implicaba para la Corona tener que negociar con muchos agentes a la vez y delegar la transferencia del dinero en sus oficiales reales (…) si se acudía al mercado, solo podía saber su coste al final del proceso, una vez realizados los pagos y las transferencias (…) la firma de un contrato con el banquero le permitía disponer de esa información por adelantado y planificar sus gastos (…)

 

(…) un comerciante podía llegar a escribir hasta veinte cartas diarias y, dada la necesidad de mantener una correspondencia fluida, el trabajo debía ser constante y sin interrupciones (…)

 

Dirigir una compañía financiera en el Madrid del siglo XVII exigía estar presente continuamente en la ciudad (…) todo desplazamiento era siempre un problema. Los correspondientes[vii] y clientes de los banqueros querían tenerlos siempre localizados. Verlos en persona, comprobar que gozaban de buena salud, que trabajaban y despachaban a diario, atentos a cualquier novedad (…)

La existencia de una estructura fuertemente centralizada, basada en la relación directa del gestor con sus empleados y clientes, explica por qué las empresas de los banqueros tuvieron tantos problemas a la hora de sobrevivir a sus dueños (…)

 

(…) no se trata únicamente de capital humano o de “saber hacer”[viii], sino también, y no menos importante, “saber con quién hacer”[ix] (…) Bartolomé recopilaba continuamente datos relacionados con sus negocios[x], pero también necesitaba saber quiénes eran realmente sus clientes, empleados y colaboradores, y cómo se comportaban.

 

La puesta en marcha de cualquier actividad mercantil o financiera en el Madrid de los Austria exigía inteligencia, experiencia en el mundo del dinero y un gran don de gentes (…)

(…) un hombre de negocios debía mostrarse especialmente escrupuloso a la hora de cumplir sus compromisos, tanto aquellos en los que plasmaba su firma como en los meramente verbales (…) debía verse reflejada su honestidad (…) poder labrarse un buen nombre, crear una marca, dejar huella (…)

 

(…) diversificar no era una estrategia más, sino la única forma de mantenerse a flote en un mar turbulento (…) entre las operaciones de un banquero del rey, encontramos también la exportación e importación de manufacturas, la especulación con materias primas, la concesión de préstamos, la aceptación de depósitos, el cambio de monedas, la administración patrimonial, la intermediación en el pago de impuestos, la inversión inmobiliaria (…)

 

(…) no bastaba con tener ministros de capa y espada o una legión de letrados poblando la Corte. Se necesitaban expertos que supieran sacar partido a los enormes ingresos con los que aún contaba la Corona.

 

(…) quería una gestión más eficaz del dinero y no dudó en incorporar métodos propios de la gestión mercantil privada, como la contabilidad por partida doble, renegando del opaco sistema de cargo y data (…)

 

Asignarle un salario al factor general era sencillo; lo difícil era encontrar con que pagarle (…)

 

Formar parte del gobierno de la monarquía, estar rodeado de personas tan ávidas de poder como de halagos ponía continuamente a prueba el temple de quienes ocupaban puestos de responsabilidad. La opinión ajena era siempre frágil, efímera, y en muchos casos, falsos (…) la reputación era como el cristal de una copa (…)  

La sociedad de la época se asentaba sobre la honra y la fama personal tanto como sobre la ofensa y la injusticia ajena. Gozar de prestigio exigía contar con aliados, pero cualquier apoyo tenia un precio (…)

 

(…) la rigidez del protocolo era esencial para preservar el buen gobierno y la convivencia política dentro de una Corte en la que confluían todo tipo de personas con egos enormes e intereses contrapuestos (…)

 

(…) “los millones” era el nombre que recibía uno de los ingresos más importantes de la monarquía en aquella época (…)[xi]

 

Cuando Felipe IV llegó al trono, en 1621, los intereses anuales de la deuda de la monarquía, acumulada después de varios reinados, consumían casi íntegramente todos sus ingresos ordinarios (…) deuda que la monarquía nunca había amortizado ni repudiado. La única opción que le quedaba a Felipe IV para afrontar sus gastos era recurrir a ingresos extraordinarios, aunque esto implicase enajenar su patrimonio.

(…) su abuelo y su propio padre se habían enfrentado a algo similar en el pasado, pero ellos habían tenido aún cierto margen de maniobra. Felipe II había logrado incrementar sus ingresos ordinarios triplicando el valor de las alcabalas[xii] y Felipe III había “crecido” los juros y acuñado grandes sumas de vellón (…)

 

«Los hombres poderosos

tienen manos que alcanzan lejos»[xiii]

 

Conclusiones

Desde joven siempre había aspirado a triunfar (…) su ambición le llevó a ser un empresario capaz de arriesgarlo todo en un momento dado, pero también un hábil político capaz de involucrarse en tareas de gobierno y tomar decisiones. Si en las finanzas se exigía que un banquero fuese perspicaz y supiese tratar con multitud de personas, esas mismas cualidades eran imprescindibles para sobrevivir en la Corte como ministro del rey.

 

(…) ¿Qué valor añadido tenía para el rey? (…) los servicios que ofreció (…) aporto sus conocimientos en el mundo del dinero y las finanzas (…) poner la experiencia que había acumulado tras años de exitosa actividad en el ámbito privado al servicio de la monarquía. Elaboró informes de todo tipo, propuso soluciones y resolvió los principales problemas que fueron surgiendo a diario, mostrando especialmente crítico con las decisiones adoptadas en política monetaria (…) nunca dejo de reclamar libertad a la hora de realizar transacciones (…)

(…) la segunda gran aportación (…) poner toda su organización empresarial de carácter privado al servicio del rey (…)

(…) su tercera gran aportación fue su propia reputación puesta al servicio de la monarquía (…) pedía prestado para el rey de España poniendo su nombre en la operación. Renunciaba a cualquier beneficio o comisión, pero respondía personalmente cuando llegaba el momento de devolver el dinero (…) solo la confirmación de que Bartolomé iba a encargarse de una factoría[xiv] era suficiente, para que ese año muchos se animaran a firmar asientos[xv], sabiendo que, si fallaba algún pago, allí estaría el genovés para suplir el agujero con los fondos de su factoría (…)

 

(…) no se trataba tanto de una cuestión de dinero como de contar con la persona adecuada, por su capacidad de gestión, sus conocimientos, su capacidad para obtener y gestionar información compleja y, sobre todo, por el prestigio del que gozaba en los mercados y entre sus colegas. El éxito (…) no residió en el diseño del puesto, sino en el empeño que puso este genovés por cumplir con su deber, aun a costa de arriesgar tantas veces su patrimonio (…)

 

«El dinero sin medida

forma los nervios de la guerra»[xvi]

 

El banquero real

Bartolomé Spínola y Felipe IV

Carlos Alvarez Nogal

Turner


Link de interés

El quehacer del director: Reflexiones sobre la dirección estratégica de organizaciones

Decisión y acción Recuperando la sensatez: Drucker, Valls y Buffet

Lo que importa: Lecciones para la búsqueda de la excelencia

Los señores de las finanzas: Los cuatro hombres que arruinaron el mundo

 

«Dejadme emitir y controlar el dinero de una nación

 y no me importara quien dicte las leyes»[xvii]

 

ABRAZOTES


[ii] Factor: Agente comercial. Normalmente tenia plenos poderes para tomar decisiones en la gestión de un negocio, encargado por uno o varios socios capitalistas que no querían o podían involucrarse en su gestión diaria.

[iii]Hombre de negocios”, esas tres palabras reconocían la capacidad de una persona para conceder crédito, aceptar depósitos, realizar transferencias, y cambiar monedas (…) era una forma de llamar a los grandes banqueros (…)

[iv] Napoleón Bonaparte

[v] Stackeholders

[vi] Demóstenes

[vii] Correspondientes: Dicho de un miembro de una corporación: No numerario, que por lo general reside fuera de la sede de esta y colabora con ella por correspondencia, con deberes y derechos variables según los reglamentos de cada corporación

[viii] Know how

[ix] Know who

[x] Situación de la oferta y la demanda, precios mercados…

[xi] Millones: contribución en dinero del Reino reunido en Cortes al rey. Se concedían por una serie de años, que podían renovarse. Tambien se le llamaba “servicio”. Para la población se trataba de un impuesto que se recaudaba gravando los productos de alimentación de mayor consumo: carne, vino, vinagre, aceite y jabón. Su recaudación se llevaba a cabo por medio de sisas y la gestionaban las ciudades de Castilla.

Sisas: Era la forma de cobrar millones. Aunque había diversos métodos para reunir la suma establecida, era frecuente que el vendedor redujese un porcentaje de la cantidad de un bien adquirido por el comprador, sin modificar el precio.

[xii] Alcabala: Impuesto que grababa un 10% todas las transacciones en la época. Era una especie de IVA de aquella época. Sin embargo, aunque en teoría era un impuesto indirecto, en muchos lugares se había convertido en una contribución directa.

[xii] William Shakespeare

[xiv] Factoría: Contrato para prestar dinero al rey a corto plazo. Era similar al asiento, pero con costes variables en función de la situación del mercado en cada momento. La corona asumía íntegramente los gastos de la provisión del dinero.

[xv] Asiento: Es el termino habitual para hablar de un contrato porque en él se asentaban o establecían una serie de condiciones entre las dos partes. Para los banqueros este término significaba también una forma de prestar dinero a corto plazo, con todos los gastos, beneficios y condiciones cerrados desde el momento de la firma.

[xvi] Cicerón

[xvii] Mayer Amschel Rothschild