martes, 9 de noviembre de 2010

LOS SEÑORES DE LAS FINANZAS los cuatro hombres que arruinaron el mundo


Estimados amig@s:

“No leáis historia; sólo biografía, porque eso es vida sin teoría.”
Benjamin Disraeli

Sinopsis:
Generalmente, en épocas de crisis los banqueros centrales consideran que lo prudente es hacer caso de la advertencia que las madres han hecho a sus hijos a lo largo de los siglos. “Si no puedes decir nada bonito, no digas nada”. De esta forma se evita el recurrente dilema al que se enfrentan los gestores financieros en momentos de pánico: ser sinceros a la hora de hacer declaraciones públicas y alimentar la histeria, o intentar ser tranquilizadores lo cual suele implicar tener que recurrir a mentiras descaradas...

“Sin duda, Lenin tenía razón. No hay método más sutil y seguro de subvertir a las bases de la sociedad que corromper su moneda.”
John Maynard Keynes

Introducción:
El desplome de la economía entre 1929 y 1933 –hoy justamente conocido como la Gran Depresión- fue el acontecimiento económico más decisivo del siglo XX. Ningún país se libro de sus garras; durante más de diez años, el malestar que dejo tras su paso se hizo sentir en el mundo entero, envenenando todos los aspectos de la vida social y material y mutilando el futuro de toda una generación. De ella surgió la confusión que vivió Europa durante la “década apocada y deshonesta” de los treinta, el ascenso al poder de Hitler y el nazismo y la consiguiente entrada de gran parte del mundo en una Segunda Guerra Mundial aún más terrible que la Primera.

"El dinero sin medida forma los nervios de la guerra."
Cicerón

Muchos, o por lo menos un servidor, ya está un poco harto de leer libros sobre la crisis actual. Pero este libro es diferente, los señores de las finanzas, es una gran obra maestra describe de manera sublime el periodo de la Gran Depresión. Sus cinco protagonistas no son solo los cuatro banqueros, también tenemos que tener en cuenta el papel que ha jugado en la historia Keynes.
Como pone de manifiesto Liaquat Ahamed, los cuatro señores han pasado al más absoluto ostracismo, pero en cambio es difícil hoy en cualquier debate económico que no se hable de Keynes.
Os recomiendo su lectura, es accesible a todos los que les guste la historia, la bibliografía, la macroeconomía, la gestión, etc.

La década de los veinte fue una época en la qué al igual que hoy, los banqueros centrales estaban investidos de un poder excepcional y gozaban de un prestigio extraordinario. Esta historia está protagonizada por cuatro hombres: al frente del banco de Inglaterra el neurótico y enigmático Montagu Norman; en el Banque de France, Émile Moreau, xenófobo y desconfiado; en el reichbank, el rígido y arrogante, aunque también brillante e ingenioso, Hjalmar Schacht; y por último, en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, Benjamin Strong, bajo cuya apariencia enérgica y dinámica se ocultaba un hombre herido y abrumado.
Estos cuatro personajes se situaron durante gran parte de la década en el centro de los acontecimientos. Sus vidas y carreras ofrecen un escaparate incomparable de ese periodo de la historia económica que ayuda a visualizar la compleja historia de los años veinte –la historia es lamentable y pernicioso fracaso de la paz, de las deudas e indemnizaciones de la guerra, de la hiperinflación, de la difícil situación de Europa y la bonanza de América, del auge económico y las subsiguiente quiebra- desde una perspectiva más humana y manejable.
Cada uno a su manera aclara el espíritu nacional de su época. Montagu Norman, con su quijotesca confianza en su intuición imperfecta, encarnaba a una Gran Bretaña anclada en el pasado, sin aceptar aun su menguante prestigio mundial. Émile Moreau, aislado y rencoroso, refleja a la perfección una Francia vuelta hacia sí misma para lamer sus terribles heridas de guerra, Benjamin Strong, el hombre de acción, representaba a una nueva generación de estadounidenses, dedicada activamente a aportar su musculatura financiera para sostener los asuntos mundiales. Únicamente Hjalmar Schacht, arrogante y malhumorado, parecía desentonar con la débil y derrotada Alemania en nombre de la cual hablaba, aunque tal vez no hacía nada más que expresar el verdadero ánimo oculto de la nación.
Hay algo muy conmovedor en el contraste entre el poder ejercido un dia por estos cuatro hombres y su casi total desaparición de las páginas de la historia. Estos cuatro nombres, en su dia conocidos, a los que los periódicos denominaron “el club más exclusivo del mundo”, quedaron sepultados bajo los escombros del tiempo y actualmente no significan nada para la mayoría.

…, la Gran Depresión fue provocada por una ausencia de capacidad decisoria, por una falta de comprensión del funcionamiento de la economía. A lo largo del camino que condujo a la Gran Depresión y durante el tiempo que esta se prolongo, nadie lucho con más empeño que Maynard Keynes por entender las fuerzas en juego. Creía que si podíamos acabar con el pensamiento “embrollado” –una de sus expresiones favoritas en materia económica-, la sociedad quizás lograra colocar la gestión de su bienestar material en segundo plano para dedicarse a lo que consideraba los temas centrales de la existencia, los “problemas de la vida y de las relaciones humanas, de la creación, del comportamiento y de la religión”. A eso es a lo que se refería cuando, durante un discurso pronunciado al final de su vida, declaro que los economistas son los “fideicomisarios, no de la civilización, sino de la posibilidad de civilización”. No hay mayor testimonio de su legado a ese fideicomiso que el hecho de que, en los sesenta años transcurridos desde que pronuncio aquellas palabras llenas de agudeza, el mundo ha evitado una catástrofe económica como la que sorprendió entre 1929 y 1933.

“Dejadme emitir y controlar el dinero de una nación y no me importara quien dicte las leyes.”
Mayer Amschel Rothschild

Epílogo:
Cualquiera que escriba o medite sobre la Gran Depresión no puede evitar preguntarse: ¿Podría volver a suceder? En primer lugar, es importante recordar la magnitud de la debacle económica que tuvo lugar entre 1929 y 1933. Durante un periodo de tres años, el PIB real de las principales economías cayó por encima del 25%, una cuarta parte de la población masculina adulta perdió su empleo, los precios de los artículos básicos se redujeron a la mitad, los precios de consumo bajaron un 30% y los salarios se redujeron una tercera parte. En Estados Unidos, el crédito bancario se redujo un 40% y, en muchos países, todo el sistema bancario se desplomó. Casi todos los deudores soberanos entre los países en vías de desarrollo y en Europa Central y del Este incurrieron en impago, incluida Alemania, la tercera mayor economía mundial. El desplome económico trajo consigo privaciones en todos los rincones del globo, desde las praderas de Canadá hasta las fecundas ciudades de Asia, desde el corazón industrial de América hasta el pueblo más pequeño de la India. Desde entonces, ninguna otra crisis económica en tiempo de paz se ha acercado siquiera en cuanto a profundidad y amplitud a aquel cataclismo.
La serie de pánicos bancarios que tuvo lugar entre 1931 y 1933 y se inicio con la quiebra del Banco de Estados Unidos presenta mucha de las características de la actual crisis financiera que empezó en el verano de 2007 y que, mientras escribo, sigue extendiéndose por el sistema bancario mundial. Ambas empezaron con dudas acerca de la seguridad de los intermediarios financieros que habían experimentado grandes pérdidas. Entre 1931 y 1933, los temores provocaron una serie de situaciones de pánico bancario durante las cuales los depositarios retiraron su dinero de los bancos y acumularon moneda, que se extendió en oleadas a lo largo de un periodo de dos años a través de Estados Unidos. La crisis actual también a originado pánicos masivos en el sistema financiero, en esta ocasión no de particulares atemorizados desesperados por retirar su dinero, sino de banqueros e inversores que, presas del pánico, retiran su dinero de instituciones financieras de todo tipo, no solo de bancos comerciales, sino también de bancos de inversiones, fondos de inversión del mercado monetario, fondos de cobertura y de todas aquellas “sociedades instrumentales”, que tanto proliferaron durante la época pasada, “cuyas operaciones no están reflejadas en el balance de la sociedad principal”. Todas las instituciones financieras que dependen de la financiación al por mayor de sus pares han visto amenazadas en mayor o menor medida.

“El dinero no tiene patria;
los financieros carecen de patriotismo y de decencia;
su único objetivo es ganar dinero.”
Napoleón Bonaparte


LOS SEÑORES DE LAS FINANZAS
Los cuatro hombres que arruinaron el mundo
Liaquat Ahamed
DEUSTO

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¿Finanzas que sirven o finanzas que engañan?

Noviembre, 9

“Para llegar a lo que no sabes
Debes ir por un camino que es el camino de la ignorancia.”
T. S. Eliot

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