domingo, 11 de diciembre de 2016

LO TUYO ES MÍO; Contra la economía colaborativa

Estimad@s amig@s

Sinopsis
La idea de Economía Colaborativa se nos ha contado como una forma alternativa a la economía convencional que no solo resulta más sostenible sino que además permite al individuo convertirse en un microemprendedor con mayor control de su vida. Pero esta nueva ola de empresas está en realidad financiada y dirigida por capitalistas de la más vieja escuela.
Tom Slee muestra cómo la Economía Colaborativa extiende las más duras prácticas del libre mercado a áreas de nuestras vidas previamente protegidas, y ofrece la oportunidad a unas pocas personas de enriquecerse perjudicando a su comunidad y empujando a individuos vulnerables a asumir riesgos insostenibles.
Basado en una brillante investigación original, repleta de datos y de ejemplos de los más concluyentes, lo tuyo es mío demuestra que tras un lenguaje amigable basado en las ideas de confianza y compartir, se oculta una realidad muy oscura.

«Entre los de buena posición
se considera de mal gusto hablar de comida.
El caso es que
ya han comido»
Bertolt Brecht
Cartón de guerra alemán

«Lo tuyo es mío
y lo mío, de mi propiedad»
Dicho tradicional de Yorkshire

Lo tuyo es mío, es el segundo libro sobre sharing economy que leo en poco tiempo. El primero fue La empresa colaborativa; la nueva revolución económica, éste era una defensa sobre lo que nos aporta tanto a empresas como a particulares la Economía Colaborativa. Por contra, el que nos ocupa hoy lo tuyo es mío, es un alegato totalmente en contra y pone foco en muchas de las malas prácticas que hay detrás de este auge del «colaboracionismo» mal entendido.

Me gustaría plantear en modo preguntas algunas reflexiones que saco después de las dos lecturas ¿Somos conscientes del impacto económico que tiene la Economía Colaborativa? ¿Estamos valorando cuanto empobrece a nuestras empresas el auge de la misma? ¿Cuánto empleo de «calidad» destruye? La excusa es que lo sustituyen por «trabajadores independientes» o por decirlo más finamente «proveedores de trayectos compartidos».

El auge de la Economía Colaborativa parece imparable, aunque no me guste, si tiene que ser así, lo aceptaré. Pero tampoco quiero que me vendan como sharing economy lo que no lo es. Se abusa del término para englobar a muchas empresas que no tienen nada de Colaborativas, por el mero hecho de pagar las «cuotas anuales» de una asociación que defiende sus intereses.

Otro punto a resaltar, si de verdad queremos que sean «colaborativas», mientras más lejos estén los grandes inversores y menos caigan en unas valoraciones desorbitadas mejor les irá, si quieren seguir siendo fieles a su filosofía fundacional. Solo tenemos que tirar de hemeroteca y buscar cuales son las valoraciones de empresas líderes como BlaBlaCar, Uber o AirBnB, ¿quiénes son sus principales inversores? Hay algo que no me cuadra en la ecuación, que éstos que están detrás son «especuladores» (grandes fondos de inversión y directivos de grandes compañías) y no «colaboracionistas».

En unos pocos años la Economía Colaborativa ha pasado de la generosidad de lo mío es tuyo al egoísmo de lo tuyo es mío, a medida que los valores no comerciales que invocaba la expresión «Economía Colaborativa» han ido quedando atrás o reduciéndose a ejercicios de relaciones públicas.

Los cambios provocados por el rápido crecimiento y la concentración de los gigantes de la Economía Colaborativa han propiciado que incluso organizaciones que la apoyan tengan dudas sobre su futuro.

«Estamos pasando de un mercado masificado a una nación de nichos, definida no por la geografía sino por los intereses»
Chris Anderson

(…) la página web de Airbnb giran en torno a historias de contacto personal: anfitriones acogedores, comidas compartidas, amistades trabadas,. Cualquiera diría que solo alguien sumamente cínico y amargado puede encontrar inconvenientes al éxito de Airbnb.

(…) tres de cada cuatro dólares que gana Airbnb proceden de alquileres de casas completas, y solo el 1 por ciento de las ofertas de habitaciones compartidas (…)

 (…) la mayor parte del dinero de Airbnb procede de transacciones en las que el anfitrión y el huésped seguramente no se ven más que para recoger las llaves (…)

(…) Zipcar se sirve de un estilo de gestión autoritario para gestionar el cumplimento de las normas de la dinámica de compartir coche a fin de asegurarse de que los vehículos no se devuelvan con retraso (…)

(…) de vez en cuando había pasajeros que no hacían la donación sugerida, lo que provocaba malestar y rencores (…) lyft descartó el sistema de donación voluntaria y lo sustituyo por un sistema de tarifas.

(…) el modelo de trayectos compartidos es un «mercado de dos caras» en el que Uber gestiona tanto el suministro de pasajeros como de conductores. Cuantos más pasajeros en la plataforma, mejor para los conductores; cuantos más conductores disponibles, mejor para los pasajeros. Lograr poner en marcha esa espiral es uno de los retos de cualquier aspirante que intenta entrar en el mercado (…)

«La gente del mismo oficio rara vez se reúne, aunque solo sea por diversión, pues la charla deriva en una conspiración contra el público o en alguna estratagema para subir los precios»
Adam Smith



Link de interes

«La metrópoli [es] una fábrica para la producción en común»
Hardt y Negri

Recibid un cordial saludo
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