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viernes, 22 de mayo de 2026

La lógica del mal: Entrevista a Hitler

Estimad@s amig@s

Sinopsis

¿Qué ocurre cuando una ideología anula la conciencia individual?
¿Cuándo el odio deja de parecer extremo y empieza a percibirse como razonable?

En La lógica del mal: Entrevista a Hitler, Javier Fernández Aguado se adentra en una de las mentes más perturbadoras del siglo XX con un propósito claro: comprender el mal para impedir que se repita. Lejos de cualquier enfoque sensacionalista, el libro desvela con lucidez y precisión los mecanismos psicológicos, ideológicos y morales que hacen posible la deshumanización, el fanatismo y el odio sistemático hacia el otro.

A través de una entrevista conceptual, el autor desentraña la lógica interna del totalitarismo nacionalsocialista: cómo se construye el relato que justifica el mal, cómo se legitima el odio y qué ocurre cuando la conciencia se somete a la ideología. Un análisis que trasciende su contexto histórico y revela patrones inquietantemente aplicables a otros sistemas como el comunismo.

Fiel a la metodología única que define su obra —basada en el estudio comparado de líderes, estadistas y pensadores tanto constructivos como destructivos—, el autor extrae lecciones útiles en el presente y pone el foco en desvelar cómo nacen, se legitiman y se consolidan las dinámicas que pueden llegar a erosionar y destruir una sociedad desde dentro.
La lógica del mal no es solo un análisis histórico: es una advertencia.
Una llamada a reconocer la fragilidad de las sociedades libres, la facilidad con la que pueden reaparecer dinámicas de exclusión y la necesidad de detectar a tiempo los discursos que, cuando se debilitan el pensamiento crítico y la responsabilidad ética, pueden volver a hacer aceptable lo intolerable.

 

«Mañana

muchos maldecirán mi nombre»[i]

 

Presentación[ii]

Estudiar a Adolf Hitler continua siendo, muchas décadas después de su ascenso al poder, una tarea incomoda, compleja y, para algunos, innecesaria (…) existe la tentación —comprensible y temeraria— de relegar su figura a los márgenes de la historia, como si el mero paso del tiempo bastara para neutralizar el impacto de su legado (…)

La pregunta (…) por qué no hacerlo. Qué riesgos entraña ignorarlo o simplificarlo hasta convertirlo en una caricatura que tranquiliza, pero no previene (…)

(…) no rehabilita una figura que no admite absolución moral. Tampoco busca provocar mediante un artificio literario (…) entender, en el sentido más profundo del término. Comprender cómo un humano con evidentes carencias profesionales y éticas fue capaz de movilizar a una nación presuntamente culta, industrializada y avanzada; cómo un discurso, la psicología y el contexto social pueden confluir hasta producir una catástrofe de dimensiones inéditas (…) qué nos enseña Hitler sobre nosotros mismos y sobre nuestra sociedad.

 

(…) encontramos a un ser profundamente deformado en lo moral, pero humano, a un directivo que tomó decisiones conscientes y que supo manipular voluntades, a un sujeto que no fue un accidente, sino una laña sanguinaria dentro de la sociedad anhelante y desnortada.

(…) vivimos en una época marcada por la polarización, el descrédito de las instituciones, la simplificación del discurso político y la tentación de soluciones autoritarias ante dilemas complejos (…) los mecanismos que consienten el ascenso de líderes destructivos siguen activos.

Ø  ¿Qué estamos haciendo cada uno de nosotros por frenar el auge de líderes tóxicos?

 

(…) Hitler no triunfó exclusivamente con la violencia física, sino con la palabra; no únicamente por el miedo, sino por una esperanza mal entendida; no solo por la cohesión, sino por la adhesión voluntaria de millones de ciudadanos (…) hasta que punto estamos inmunizados frente a discursos que prometen orden, identidad, orgullo nacionalista y grandeza al precio de la libertad y los principios.

Ø  Líbreme Dios de flautistas, alquimistas y bien hablados que de los bravos ya me libro yo.

 

(…) ¿Cómo se construye el mal?, ¿Qué papel desempeña el liderazgo en su expansión?, ¿Dónde concluye la responsabilidad individual y comienza la colectiva?

 

«Ante Dios y el mundo,

el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad»[iii]

 

Prólogo[iv]

Hay nombre que no necesitan presentación. Basta pronunciarlos para que se desencadene una cascada de imágenes, emociones, temores y juicios. Su sola mención provoca una mezcla de repulsión, asombro y perplejidad (…) no es solo un personaje histórico, es un símbolo; un paradigma del mal (…) de una época, de una deriva política y moral, de un conjunto de mecanismos psicológicos y sociales que, aunque nos repugnen, siguen activos (…) entender a Hitler —en sus contradicciones, en su lógica, en su monstruosidad— es también una forma de entender cómo las sociedades pueden resquebrajarse, cómo una idea puede convertirse en dogma, y el dogma en exterminio.

 

(…) no surgió del vacío. No llego al poder de magia ni por un error del destino. Fue el resultado de una suma de frustraciones colectivas, resentimientos alimentados, miedos cultivados, discursos nacionalistas, mitos históricos y promesas mesiánicas (…) el horror fue compartido (…) el delirio fue colectivo (…) la lógica totalitaria —por más irracional que nos parezca— fue asumida como sentido común por una parte significativa de la sociedad alemana.

Ø  ¿Cómo podemos manipular la frustración de la masa para granjearnos su apoyo?

o   ¿Por qué nos dejamos manipular?

 

(…) esa tensión entre lo trivial y lo atroz, entre lo cotidiano y lo criminal, entre la palabra y la acción, recorre todas las páginas del libro. Y es ahí donde reside su fuerza: en hacernos ver que el mal no siempre grita; a veces, susurra. Y eso es lo verdaderamente peligro.

Ø  ¿Cómo identificamos el mal?

o   ¿Cómo visibilizar lo invisible?

§  ¿Cómo combatirlo?

 

Hitler y su camarilla[v] no encarnaban el ideal que decían defender. Él mismo no era ario: ni su fenotipo ni sus orígenes austriacos encajaban con el modelo nórdico que postulaba como superior (…) desde esas figuras anodinas (…) se construyó un régimen que hizo del culto racial su piedra angular (…) los portavoces del arquetipo no lo representaban en muchos de los casos, pero lo impusieron como norma, como si la fe en el dogma compensara la ausencia de correspondencia física, como si la crueldad sirviera de coartada para la impostura.

(…) lógica de exclusión: definir a un enemigo interno, declararlo inferior o dañino y justificar su persecución en nombre del bien común (…) deshumanización del otro, la institucionalización del odio y la eliminación del discrepante (…)

(…) lo más peligroso no es el discurso en sí, sino su capacidad para volverse sentido común, para presentarse como verdad indiscutible, como lógica inevitable, como necesidad histórica (…) cuando la historia se convierte en necesidad, al ética es la primera en caer (…) podría volver a ocurrir en cualquier parte si no se cultivan unca ciudadanía crítica, una memoria activa y una vigilancia moral.

(…) los fines estuvieron siempre claros: eliminar al diferente, resolver el problema judío, conquistar el este, destruir al marxismo, refundar Alemania sobre una base racial. No fue una deriva, fue un plan (…)

(…) el III Reich (…) fue un hervidero de luchas internas, improvisación, corrupción y duplicidad institucional. Hitler no fue un hábil estratega (…) fue un caudillo arbitrario, desconfiado, incapaz de crear estructuras sólidas, que gobernaba fomentando la competencia entre sus subordinados y delegando sin criterio (…)

 

(…) las ovaciones, los votos, la obediencia ciega y el entusiasmo con el que recibieron muchas de las medidas del régimen no pueden explicarse solo por el miedo (…)  

 

(…) el horror no comienza con campos de concentración, sino con palabras, con frases aparentemente inofensivas, con discursos que apelan al miedo y al orgullo (…)

 

«Que mejor suerte que ser gobernante

de hombres que no piensan»[vi]

 

Introducción

(…) su gestión política y militar, a diferencia de su pericia propagandística, fue mejorable. En lo militar no tomó decisiones tan insensatas como determinados historiadores han deseado hacer creer —sobre todo para absolver al ejército y explicar la derrota ante un enemigo aparentemente menor, los soviéticos— y en lo político caló en esas corrientes que solo algunos son capaces de desentrañar. Tuvo la habilidad de atender a quienes nadie oía y transmitirles lo que querían escuchar y de entregarles, en su contexto, aquello a lo que aspiraban, aunque no fueran conscientes de que estaban conduciéndolos al desastre (…)

Ø  ¿Cuánto peso le dio Hitler a la propaganda?

o   ¿Qué papel principal jugo Goebbels?

§  ¿Cómo fueron capaces de atraer a tantos adeptos para la causa?

 

La incapacidad de Hitler para, una vez en el poder, crear órganos de gobierno estables en los que apoyarse, más allá de un aparato represivo brutal, acabó por sumir a la sociedad en un caos de colosales dimensiones (…) El mito de la eficacia nazi a la hora de gobernar surgió fruto de una falaz propaganda (…)

Ø  ¿En plena irrupción de la inteligencia artificial cómo poner freno a la publicidad engañosa, a la comunicación toxica, a la tergiversación de la verdad?

 

(…) Hitler debía imbricar al Partido y al Estado, por lo que, como pasa con tantos CEO que tratan de decidir todo en sus organizaciones, su labor se hallaba condenada al fracaso (…)

Hitler desconfiaba de la burocracia y de los suyos, aunque sostuviera lo contrario. Su manera de gestionar las labores de los individuos con los que debía colaborar consistía básicamente en dictar unas directrices vagas para que así trabajasen “en la dirección del Führer”. Con frecuencia solicitaba lo mismo a varios para desconcertar y luego decidir él lo que deseaba, sin cortapisas (…)  sin sistemas de control o de contrapeso (…) un sistema imprevisible, arbitrario (…)

Esa forma de gestión implicaba que a Hitler siempre le comunicaban prácticamente lo que quería escuchar (…)

Ø  ¿Qué quiere escuchar la persona vértice? Eso es lo que tengo que contarle, lo demás no interesa…

 

(…)  Si algo salía mal, era culpa de los demás, de quienes no habían seguido fielmente sus resoluciones.

Ø  ¡El Boss nunca se equivoca!, Son los que ejecutan que no saben cumplir órdenes.

 

(…) El final de Hitler estaba anunciado: ¡todo o nada! Siempre fue

coherente con su incongruencia.

El pensamiento de Hitler se articula (…) en torno a tres propósitos irrenunciables que conformaban uno solo: la aniquilación de los judíos, la liquidación de los marxistas y la necesidad de un espacio vital en el este que permitiera a los alemanes disponer de recursos para sobrevivir. Jamás los abandonó. Podía ser flexible siempre que se respetaran esos objetivos (…)

 

(…) . En la Alemania nazi todos trabajaban en “la dirección del Führer». La ferocidad ideológica de las SS era la plasmación perfecta de los despropósitos de Hitler (…)

Ø  ¿Qué papel jugaron las SS en la consolidación del poder de Hitler?

 

Se percibe en Hitler algo extrañamente vacío. Resulta complicado encontrar en él rasgos que lo humanicen, como si todos sus atributos se desdibujaran, sin encontrar asideros (…) En Hitler parece darse un vacío casi absoluto, sea en el trato con sus camaradas o incluso en sus relaciones con las mujeres. Podía ser cordial e incluso afectuoso con sus secretarias, a las que abordaba con condescendencia y un humor tímido, casi risible. También departía amablemente y parecía tolerante con colaboradores como Speer o Goebbels (…)

Como todo hombre implacable, podía ser sentimental y descuidar las estrictas relaciones de clase. Creía en sus dotes artísticas y soltaba opiniones propias de un nesciente sobre temas de los que nada sabía (…)  se erige como una figura voluntariamente catalizadora, consciente de su destino y dispuesto a sacrificarse por un proyecto, que el identificaba con Alemania (…)

 

«No importa la verdad.

Lo que importa es la victoria»[vii]

 

¿Somos manipulables?

Ø  ¿Dónde está el límite?

Ø  ¿Por qué hemos abandonado el pensamiento crítico?


¿Por qué lideres nos dejamos seducir, encandilar?

Ø  ¿Cómo no somos capaces de ver sus contradicciones entre el discurso y la acción?

Ø  ¿Qué nos mueve a auparlos y dejar que el poder los ciegue?


Javier Fernández Aguado vuelve con La lógica del mal a poner en valor la entrevista como modelo para escudriñar en la mente tanto de la persona como del personaje. Libro interesante, que nos debe provocar mucha incomodidad en su lectura, pero a la vez sacar aprendizajes sobre manipulación, comunicación, pensamiento crítico, habilidades, competencias, planes de acción y sobre todo una preguntas:

Ø  ¿Qué estoy haciendo desde mi parcela de poder para que la historia no se vuelva a repetir?

Ø  ¿Estamos haciendo por acción u omisión que la IA piense por nosotros?

o   ¿Dónde quedo aquello de pensar de manera crítica?

Ø  ¿Será la IA el próximo Führer? 


«Si ganas,

no tienes por qué explicar nada...

¡Si pierdes,

no deberías estar allí para explicar nada!»[viii]

 

Epílogo

De Hitler a hoy: pervertir el lenguaje y estrangular la verdad

(…) escudriñar la personalidad de Hitler me ayuda a descubrir que algunos de los seres humanos más siniestros han sido particularmente diestros en la perversión del lenguaje, el estrangulamiento de la verdad, la inflamación de las emociones y la normalización de la mentira [hecha norma].

Como buen totalitario, la comunicación era un medio imprescindible para conseguir sus fines (…)

 

Principios de la propaganda nazi… actual

• Simplificación y enemigo único (…)

• Método de contagio (…)

• Transposición (…)

• Exageración y desfiguración (…)

• Vulgarización (…)

• Orquestación (…)

• Renovación (…)

• Verosimilitud (…)

• Silenciación (…)

• Transfusión (…)

• Unanimidad (…)

 

(…) pensar es un atrevimiento tan amenazado por el populismo y el totalitarismo como necesitado por los espacios de libertad democrática (…) recordar, porque con frecuencia la clave no está tanto en saber algo nuevo como en recordar lo fundamental ya sabido. Se confirma una vez más que pensar y recordar son verbos ejecutivos.

Ø  ¿Por qué tienen tanto miedo a qué pensemos fuera de la caja?

o   ¿Qué temen que descubramos?

Ø  Si no conocemos, recordamos la historia, estamos condenados a que se repita. Ejercitemos la mente, recordemos los grandes latrocinios que se han cometido, actuemos de manera preventiva o permitiremos que la historia se repita.

 

«¡Qué suerte para los gobernantes

 que los hombres no piensen!»[ix]

 

La lógica del mal

Entrevista a Hitler

Javier Fernández Aguado

LID editorial

 

Link de interés

• Qué vale nuestro trabajo 5.000 años de historia de la retribución

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• Entrevista a Aristóteles: Filosofía para líderes y emprendedores

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• Entrevista a Stalin: La lógica de un dictador

• 1010 Consejos para emprendedores

• La soledad del directivo

• El alma de las organizaciones

 

«La fuerza no está en la defensa

sino en el ataque»[x]

 

ABRAZOTES


[i] Hitler

[iii] Hitler

[v] Pp., 14 (…) Goebbels

Pp., 15 (…) Himmler

[vi] Ídem

[vii] Ídem

[viii] Ídem  

[ix] Ídem

[x] Ídem  

viernes, 11 de julio de 2025

Entrevista a Simón Bolívar: Héroe y traidor

Estimad@s amig@s

Sinopsis

El pensador español Javier Fernández Aguado, referente contemporáneo en la ciencia del gobierno de personas y organizaciones (management), acomete con brillantez el desafío de entrevistar al poliédrico Simón Bolívar. Héroe, para algunos; traidor, para otros. Sus decisiones y contradicciones se abatieron sobre millones de individuos.

Bolívar aprovechó el turbio entorno provocado por la invasión napoleónica de España y la decadencia de la monarquía, incapaz de gobernar América. Emprendió una aventura de independentismo y unificación territorial de los virreinatos cuyas piezas fue encajando sobre la marcha afectado por su narcisismo, reiteradamente explicitado en sus escritos.

Se aupó en el título de Libertador, fruto de su pericia militar y de la propaganda por él desplegada, y lo explotó en sus arengas, correspondencia y proclamas. Todo culminó en un colosal fiasco al despertar de un sueño republicano que nunca pasó de ser una quimera.

Entender su entramado político, social y psicológico no es fácil. Fernández Aguado, con rigurosa solvencia intelectual y maestría comunicativa, desbroza el camino a través de preguntas al general en un laberinto para comprender cómo argumentaba y actuaba. A la vez, revela la novelesca biografía de Bolívar. Se despliega el fastuoso lienzo de uno de los periodos más fascinantes y complejos de la historia. Las consecuencias llegan hasta nuestros días.

¡Qué el lector saque sus propias consecuencias!

 

«La autoridad moral se conquista

 por la coherencia entre el hacer y el ser»[i]

 

Presentación[ii]

(…) pasarán más de mil años y la figura de Simón Bolívar (…) seguirá inmersa en debates. Algunos se empecinarán en destacar al héroe; otros, al individuo sin escrúpulos que arrasó áreas del continente americano en lo ético, lo social y lo financiero.

Bolívar acumula en sí facetas más que dispares, enfrentadas. Se esforzó con brío, fruto de un resentimiento contra España por no haber respondido a sus ansias de grandeza nobiliaria en el país de sus ancestros. Justificó con otros motivos sus presuntas ganas de libertar a unos pueblos a los que ―lo repitió con frecuencia― despreciaba.

Pese a su proclamado republicanismo, Bolívar, diseño los fundamentos de una aristocracia caudillista propietaria de naciones frágiles, en las que la corrupción y sus consecuencias se transformaron en una enfermedad crónica que aún hoy asola el continente. Embebido de su atribuida talla historia (…) desatendido a cualquier discrepante (…) anhelo una asociación más que interesada con la iglesia, ambicionando recuperar el orden del Antiguo régimen. No logro su propósito de ingeniería social ni el empreño del nacionalismo global hispanoamericano.

El conflicto racial nunca se diluyo. Las elites hispanoamericanas maltrataron implacablemente a los indígenas. La Corona española había brindado, con limitaciones, una protección legal, articulada por la iglesia. A pesar de todo, todavía hoy España sigue siendo instrumentalizada como chico expiatorio para endulzar los crímenes de los mandatarios americanos que contemplaron, y contemplan, a los indígenas como seres de segunda categoría.

 

(…) Bolívar se beneficio de los errores de los peninsulares. Las ultimas imposiciones borbónicas fueron sus mejores aliados. Carlos IV y Fernando VII lo hicieron irremediablemente mal en América en los últimos compases del siglo XVII y principios del XIX. Bolívar catalizo un derrumbe anunciado, erigiendo una imagen de sí mismo de la que se serviría hasta el día que rindió cuentas ante el creador.

Resultan risibles las reivindicaciones de Bolívar desde ámbitos tan insospechados como las dictaduras locales contemporáneas, que plagian la pardocracia que tanto abominaba Bolívar. Es igualmente bufa la pretensión de sectores reaccionarios, como la deriva fascistoide del peronismo, de erigir a Bolívar en la encarnación del caudillo que trató de poner orden en el continente. Sus propios yerros inducen a esas estrambóticas reclamaciones.

(…) no prejuzga a Bolívar sino que cómo pensaba y actuaba.

 

«Todo ser humano es un novelista

de sí mismo»[iii]

 

Prólogo[iv]

(…) “Personaje del milenio” fue sin duda el más importante estratega, militar y político venezolano de todos los tiempos.

 

(…) entabla una conversación franca con un Simón Bolívar humano, de carne y hueso, abrumado de deseos, emociones y frustraciones. Hace una radiografía de un estadista con sus luces y sus sombras. No parte de prejuicios, sino que induce a que el propio Bolívar nos presente el por qué de sus decisiones (…)

 

La grandeza de personajes como Bolívar no surge de una visión sesgada, sino de entender tanto su magnanimidad como sus desaciertos. Esta obra indudablemente generará polémica entre seguidores y detractores del Libertador, pero definitivamente deleitará a los buscadores de la verdad, esa verdad que nos hace libres. Rehuir el conocimiento es propio de caracteres débiles y acomodaticios. Profundizar en los hechos exige valentía y nos hace más sabios.

 

«El hombre sensato se adapta al mundo

 y el insensato se empeña en intentar que el mundo se adapte a él»[v]

 

Introducción

Los muertos tienen la virtud de no quejarse de lo que de ellos se narra, sea mentira o verdad. La realidad, alérgica al cliché, es más compleja que una foto fija. Hasta el punto de no quedar claro, ni en las sangrientas dictaduras más delirantes o en el neoliberalismo reaccionario, si el Bolívar al que se reivindica es el cosmopolita revolucionario de la Carta de Jamaica o el estadista cauto y conservador que pretendió gobernar Colombia durante los últimos años de su vida.

Bolívar es poliédrico, acopia facetas dictadas por una apresurada combinación entre la oportunidad y el convencimiento. La propia de quien afrontó el siglo XIX con herramientas del XVIII y que apenas mutó, incapaz de comprender que el mundo que estaba ayudando a alumbrar nada tenía que ver con el que había dejado atrás. Menos aún con el que columbró en su fantasía. Se esforzó con denuedo, fruto de un enervante resentimiento contra España por no haber atendido está sus delirantes anhelos de grandeza nobiliaria en el país de sus ancestros y con conjeturales anhelos de libertar unos pueblos a los que en el fondo y la forma despreciaba. Él lo repitió con frecuencia.

 

(…) al repartir sus triunfos entre afines de dudosa condición, diseñó las bases para una nueva aristocracia apalancada en caudillismos. Una ávida oligarquía dueña de unas naciones frágiles, en las que la corrupción y sus consecuencias (…) se convertirán en una enfermedad crónica que aún hoy asola (…)

La imposibilidad de controlar unos territorios vastísimos, en una época donde las infraestructuras eran insuficientes y las comunicaciones lentas, obligó a Bolívar a delegar su poder, que siempre fue menor de lo que él conjeturaba. Apoyándose en una élite criolla, hija y heredera de las virtudes y los vicios de España (…) fue incapaz, en un proceso democratizador con escaso alcance, de algo más que de sustituir una clase dominante por otra (…) cuando España se retiró, determinados estratos de la sociedad, en especial el indígena, perdieron lo poco que tenían, fuera por la ineficacia de las reformas para propiciar su participación en la vida civil o por el dominio, no exento de violencia, de una élite criolla que pergeñó con saña el que sus privilegios aumentasen a costa de los menos pudientes; menesterosos que (…) habían sido en buena medida atendidos por el escudo social protector implementado por la Iglesia católica con el apoyo de los virreyes peninsulares.

(…) se confió a caciques que, al adueñarse de ciertas regiones, incrementaron su poder y riqueza mediante la violencia. Se repartieron perversamente el botín (…) El caudillismo impulsó un desaforado reparto de recursos entre las élites a cambio de protección. Esas malandanzas culminaron con el apuñalamiento del proyecto republicano y el anhelo de unificar América. Se generó, al cabo, una fragmentación social mayor de la que había existido durante el imperio.

¿Fue Bolívar el inventor del caudillismo americano? (…)

 

Delegó impropiamente en otros la gestión, porque no seleccionó con acierto a sus acompañantes. Además, su ejemplo no era precisamente el mejor.

 

Le faltaron templanza, justicia, prudencia y, en el declinar de su existencia, fortaleza. Gobernó a impulsos y de forma incoherente. Sus subalternos difícilmente podían optimizar el mejorable –¡penoso e incongruente!– paradigma en el que se inspiraban.

Desatinadamente convencido de su talla histórica (…) despreció tanto el legalismo constitucional (…) como el caudillismo clientelar (…) al ejercer el gobierno durante sus últimos años buscó armonizar sin brillantes resultados la espada y la ley, sujetándose a un despotismo que, erigido sobre el prestigio de una legitimidad ganada en el campo de batalla, resultó insuficiente para muñir un continente al que arrasó en lo financiero y lo ético (…)  

(…) el despotismo, que solo él y nadie más podía encarnar, fue una de sus innúmeras contradicciones.

 

Careció de visión estratégica y de integridad personal y corporativa. Ni siquiera logró culminar su propósito de in­geniería social, como tampoco un empeño de nacionalismo hispanoamericano (…)

El conflicto racial que le preocupó, y que en buena me­dida alentó y cristalizó, nunca se diluyó (…) todavía hoy España sigue funcionando como chivo expiatorio, desde la política a la educación, para edulcorar los crímenes de los mandatarios americanos, que contemplaron, y contemplan, a los indígenas como seres de segunda categoría.

El compromiso de Bolívar con la abolición de la escla­vitud se plasmó en decretos con los que ensayó que otras ra­zas descalabradas participaran activamente de la vida civil y asumieran responsabilidades. La menguada colaboración de unos criollos que solo velaban por sus intereses egoístas nunca alcanzó plenamente el hipotético ideal bolivariano; una muestra más de la abismal disociación entre el ideal y la realidad que bien pudiera ser un resumen, tosco pero preci­so, de su trayectoria existencial.

Bolívar se benefició de los errores de España, ignorante de que América estaba mutando. Las imposiciones borbó­nicas, en su mayoría dictadas por la pésima situación eco­nómica de España y la complejidad política que se dio entre los dos siglos, fueron sus mejores aliados. Se limitó a apro­vecharlas, como quien recoge una fruta que se desprende de una rama (…)

 

Con sus proclamas, en una extraordinaria actividad propagandística que sigue asombrando por su vigor —era buen lector y mejor escritor, instauró una imagen de sí mis­mo de la que se serviría hasta el último día.

 

(…) Bolívar comprendió que una asociación con Gran Bretaña era esencial para asentar a unas naciones incipientes (…)

Gran Bretaña se aprovechó, incluyendo enormes prés­tamos financieros que dejaron a aquellas naciones empobre­cidas por décadas y el envío de voluntarios ingleses (…) la opción de Bolívar, insisto, endeudaría América por generaciones, condenando a la penuria a millo­nes de ciudadanos de los países presuntamente liberados. La congoja de la antigua América española fue tan rauda como pronunciada y duradera. Aún hoy paga las consecuencias.

 

(…) Ha de ser el lector quien saque sus conclusiones (…) aquí presento a un indivi­duo veleidoso, rijoso, caprichoso e impaciente, pero también al militar eficaz y contundente, el amante tierno, apasionado, disoluto y patrañero, al igual que al gobernante preocupado y oportunista.

(…) altísima estima que sentía de sí mismo, del tamaño del con­tinente. Supo trasladar su pasión desmedida y tornadiza en sus arengas a las tropas a su correspondencia y sus procla­mas.

 

Sus fortalezas son debilidades y viceversa. El anhelo de gloria y la abrumadora confianza en sí mismo fueron su perdición.

 

«Lo que mí señor piensa,

solo mi señor lo sabe»[vi]

 

¿Se puede ser a la vez héroe y traidor? Buena pregunta, lo malo, tendrás que leer Entrevista a Simón Bolívar y posicionarte, ¡Ojo el autor no lo hace! Me parece correcto ―arrojo luz sobre la persona, el personaje y el entorno y que cada uno libremente elija en qué lado de la mesa quiere estar.

 

El formato que en los últimos libros está poniendo en valor Javier Fernández Aguado me parece interesante, es otra manera de contar la historia, más amena, neutra, muestra los hechos pero no entra a juzgarlos, le da voz al personaje y el solo se va quitando capas que nos permiten ver la coherencia con la que actuaron.

 

De todos los libros se pueden sacar hilos de los que tirar, solo hace falta querer ―saber, tener la curiosidad de ir escarbando, buscando resquicios en los que lanzar preguntas a el autor o sus protagonistas. La persona de vértice debe cultivar la mente, leer a autores de muy diversos géneros, buscar puntos de mejora, oportunidades de aprendizaje, palancas… no dejemos de estar siempre en modo aprendizaje.

 

«Siempre he sido leal,

sabedor de mis virtudes y mis defectos»[vii]

 

(…) leía a Dante y Cervantes, entre otros clásicos que siempre me han acompañado, conformando una especie de guardia privada de la que me enorgullezco.

 

(…) mis críticos han dicho que yo he repetido e incrementado ese modelo bonapartista[viii], que soy un alabancioso, un fachoso. ¡Es inaceptable! Algunos han pagado cara su insolencia con respecto a mi persona.

 

(…) siempre tenía un libro en la mano. He conservado ese hábito a lo largo de mi tormentosa trayectoria, llevaba no pocos conmigo en mis campañas militares, como las obras de Cesar, siempre tan provechosas (…)

 

No hay lección que de una forma u otra no sea beneficiosa, aunque solo sea para saber que no hay que volver sobre ciertos temas.

 

(…) tenía claro que mis pasiones, mis circunstancias, mi carácter, me habían puesto en el camino de la libertad, al tiempo que mi ambición, mi constancia o la fogosidad de mi imaginación me iban a impulsar a mantenerme en él.

 

(…) casi nadie compartía mis inquietudes, que se antojaban radicales, propias de un agitado (…)

 

Más allá de las buenas intenciones, nuestras instituciones habían demostrado una fragilidad inmensa, tanto en su bondad mal valorada como en sus formas organizativas. Estábamos en guerra contra un imperio y necesitábamos un poder centralizado, implacable, inmisericorde, que no perdiera el tiempo en cuestiones de menor entidad que acaso atañen a la paz.

 

(…) es verdad que yo ordené publicar innumerables veces mentiras para engañar a los realistas. Pero a mí me afectaban mucho los infundios.

 

Resulta imprescindible rodearse de hombres leales, sin dobleces, que hablen a las claras. Obviamente uno debe dar ejemplo (…)

Ø  ¿Somos ejemplo para nuestro equipo humano?

 

(…) se me nombró Libertador de Venezuela y Capitán General de los Ejércitos, títulos que para mí eran más gloriosos y satisfactorios que el cetro de todos los imperios de la Tierra (…)

 

La experiencia me ha enseñado que de los hombres se ha de exigir mucho para que hagan muy poco. Quizá esa máxima no es segur; pero si no creo en la experiencia ¿a quién he de creer?

 

(…) como nos han enseñado los clásicos, desde Homero a Suetonio, carácter es destino.

 

(…) no volveríamos a cometer el error de marginar a los pardos, que tan caro nos había costado antaño. Tampoco, claro está, podríamos entregarles el poder.

 

(…) la naturaleza de los hombres impone ciertas servidumbres.

 

Una población depravada, si alcanza la libertad, pronto vuelve a perderla (…)

 

(…) debíamos ser veloces como el jaguar y resistentes como la mula (…)

 

El pueblo muchas veces no se entera y es ineludible hacerle ver la realidad. En ocasiones con violencia.

 

No parecía muy democrático el apostar por un presidente vitalicio con derecho a nombrar a su sucesor

¡Cómo! Todo lo contario. Aquella era la inspiración más sublime en el orden republicano.

El presidente era el sol que, firme en su centro, daba vida al universo entero.

Su misión sería la de acabar con las divisiones partidistas, siempre tendentes o bien a la anarquía o bien a la tiranía (…)

 

Ese ha sido otro de nuestros grandes enemigos: la inmensidad de este continente, que hace imposible gobernarlo eficazmente, por lo que al final se depende de la naturaleza de los hombres, semejante a la de los jaguares hambrientos.

 

(…) legalmente todos éramos iguales. Aquello era intolerable (…)

 

«El miedo

es un arma formidable»[ix]

 

Epílogo[x]

(…) parecía que Bolívar encarnara la suma de todas las perfecciones, sin margen alguno para el defecto (…) con los años y tras distintas lecturas, fui evidenciando otras facetas: una figura de carne y hueso, con luces y sombras, grandes virtudes y notables limitaciones (…)

 

(…) no prejuzga al Libertador, sino que nos invita a explorar los silogismos que guiaron a Bolívar en su toma de decisiones, algunos de ellos tan controvertidos como la Guerra a Muerte, que hoy bien podría calificarse como un genocidio implacable (…)

 

(…) las incontables horas dedicadas a desentrañar el pensamiento de Simón Bolívar. Su aportación es enormemente valiosa. También por lo que tiene de objetividad frente a aquellos que en vez de sumar se proponen enfrentar, que, en lugar de sumar y multiplicar, insisten en aquella detestable costumbre de restar y dividir (…) esa actitud maniquea responde a la ignorancia. Solo desde la profundidad del pensamiento y de la generosidad de corazón puede descubrirse la grandeza (…)

 

«Es más difícil sacar un pueblo de la servidumbre,

que subyugar uno libre»[xi]

 

Entrevista a Simón Bolívar

Héroe y traidor

Javier Fernández Aguado

Kolima Books


Link de interés

• Management pontificio: Enseñanzas del gobierno papal para organizaciones contemporáneas

• El pensamiento de un español universal, Javier Fernández Aguado

• El idioma del Liderazgo: 1.000 consejos para ser un verdadero líder y triunfar en los negocios

• El management del III Reich

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• Egipto, escuela de directivos

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• Ética a Nicómaco

• 2000 años liderando equipos: Enseñanzas del management más exitoso

• Liderar en un mundo imperfecto

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• El alma de las organizaciones

• La ética de la empresa en la encrucijada  

• Ética en los negocios

• Valor y valores ética para directivos

• Liderazgo ético

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• El arte de mandar bien: Querer, poder, saber

• El manual del estratega: Los cinco estilos de hacer estrategia

 

«En política,

los gestos son la antesala de los hechos»[xii]

 

ABRAZOTES


[iii] Alfred Sonnenfeld

[iv] Nelson Padua Villegas

[vi] José Palacios

[vii] ¿Nos conocemos?

Ø  ¿Identificamos nuestras fortalezas?

Ø  ¿Y los campos de mejora?

Ø  "Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas. Si te conoces a ti mismo, pero no al enemigo, por cada victoria obtenida también sufrirás una derrota. Si no sabes nada ni del enemigo ni de ti mismo, sucumbirás en todas las batallas", Sun Tzu

[viii] Pp., 98 Me acusaban a mí y a otros de bonapartismo. No entendían que era necesario comportarse así para dirigirlos hacia su libertad. Se empeñaban en no querer ser libres. Los libertaríamos incluso con violencia.

[ix]

[xi] Simón Bolívar

[xii]