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viernes, 21 de julio de 2023

Polanco: El humanismo de los jesuitas (Burgos 1517 ─ Roma 1576)

Estimad@s amig@s 

Sinopsis

¿Secretario de san Ignacio? ¿Gobernante en la sombra? ¿Teólogo y divulgador en los inicios de la espiritualidad ignaciana? ¿Quién fue? Formado en el seno de una familia de pudientes comerciantes burgaleses y tras una seria formación en París, Juan Alfonso de Polanco decide ingresar en la Compañía de Jesús tras hacer los Ejercicios Espirituales en Roma (1541) con el Jesuita Diego Laínez; dejaba atrás un futuro prometedor como «scriptor apostolicus» en el Vaticano.

Sus cualidades y dones naturales ofrecían un perfil muy adecuado para ser el perfecto secretario. Fue el hombre de confianza, «memoria y manos», de los tres primeros Generales de la Compañía de Jesús: Ignacio de Loyola, Diego Laínez y Francisco de Borja.

Pero Polanco fue más que un Secretario. Uno de los silenciosos arquitectos de la nueva Orden que en 1540 había recibido la aprobación del Papa Paulo III, fue Asistente general y Vicario[i] de la Orden; teólogo en Trento y profundo conocedor de los Ejercicios Espirituales. Hombre de consejo, profesor y riguroso historiador de los primeros años de la Compañía de Jesús.

 

«Prudencia para escribir,

conveniente modo de expresarlo

y diligencia para enviarlas»

 

Prólogo[ii]

Polanco es un héroe callado, de los que mueven los hilos de la historia sin ser vistos, de los que deciden cosas de importancia desde un segundo plano (…) hombres discretos y leales. Sin ellos no hubiera sido tan brillante y gloriosa la historia de numerosas personas e instituciones (…)

 

(…) secretario de san Ignacio, “su memoria y manos”. De las 7.000 cartas de Ignacio, todas (excepto las 175 primeras) se escribieron bajo la secretaría de Polanco, unas por comisión, otras por colaboración estrecha (…) en la redacción de las Constituciones, cartas doctrinales y documentos de gobierno la colaboración del Secretario con el fundador fue siempre valiosa y a veces imprescindible y así continuó bajo los generalatos de Laínez y Borja (…)

 

(…) los que lo trataron, empezando por san Ignacio, alabaron su prudencia, humildad, fidelidad y honradez, su trabajo incansable, su cortesía y su virtud (…)

 

«[si algo hay de bueno en el libro,

 antes pensaré que será de otro y no mío]

y [si hubiese faltas sabrán a quién dar la culpa]»[iii]

 

Introducción[iv]

(…) había que escoger, e Ignacio procuraba poner a cada uno en el mejor sitio de los posibles. Y su lugar fue el gobierno, y parece que gobernaba con acierto, pues además de Secretario, su faceta, sin duda, más conocida, sus compañeros le eligieron tambien Vicario, Visitador y Asistente.

 

(…) amigo de la palabra; con ella tuvo que aprender a convivir, aprender a cuidarla, a manejarla con prudencia y atención, con cariño, eficacia y equilibrio ¡qué difícil! Aprender a decir lo justo de la mejor manera de las posibles. No quedarse corto en comunicar lo que la otra parte necesita, pero, sobre todo, no pasarse. Palabras. ¿Sólo palabras? Palabras que hay que escoger, pensar y ponderar, que organizar y ordenar, medir y saber pronunciar o escribir. Detrás de las palabras, siempre hay alguien que las elige y sitúa en su sitio para que la palabra tenga su efecto. Palabra que anima, que exhorta, que legisla y manda, que corrige o consuela, confirma o alienta, clarifica y aconseja. Palabra que obra, palabra que construye, palabra de arquitecto (…)

 

(…) dos años tardaba en llegar una carta a la India (…) el éxito de la expansión de la Compañía de Jesús (...) eficacia, regularidad y seriedad de la comunicación en el interior de la Compañía (…)

 

(…) en su sitio. Cuando había que aconsejar aconsejaba; cuando tocaba corregir, corregía; si tocaba mandar, mandaba y si había que reñir reñía (…)

En su sitio. El Secretario era solo el Secretario. Su función tenía unos límites y su autoridad era siempre derivada o recibida (…)

 

«Observa,

reflexiona y escribe»

 

Al igual que nos pasa con el liderazgo, creemos que el buen gobierno se invento en el siglo XX, por eso es recomendable que las personas de vértice leamos historia ―biografías―, entre otras materias y nos daremos cuenta que todo (casi) está inventado.

 

Detrás de los grandes gobernantes siempre hay un segundo de a bordoeste puede ser puede un Secretario como es el caso que nos ocupa hoy con Polanco, mentor como sería el caso de Aristóteles con Alejandro Magno, o  secretario de cámara y del Consejo de Estado de Felipe II  que fue el caso de Antonio Pérez.

 

Juan Alfonso de Polanco fue el Jesuita que permaneció más tiempo en puestos de gobierno de la orden en su etapa más interesante, en sus comienzos. Secretario, Asistente, historiador, escritor, legislador, vicario, admonitor del General, teólogo de prestigio, profesor, administrador, ¿Cuánto daríamos por tener un perfil con esas competencias, habilidadesen nuestra compañía?

 

«La vocación de todo jesuita es

“para discurrir”»

 

(…) pertenece a ese gran ejército de héroes callados que ‘trabajan, mueren y no dejan rastro’, excepto una gran cantidad de cartas de negocios y memorándums domésticos (…)

 

«Obediente

como bastón de hombre viejo»

 

Memoria y manos

Secretario de Ignacio de Loyola

(…) la función de los secretarios fue ganando en importancia como hombres fuertes de la estructura de gobierno debido a la información que manejaban y a las decisiones en las que tomaban parte (…)

 

(…) Una vez que la Compañía fija en Roma su sede central, comienza a experimentar un incesante y en ocasiones vertiginoso crecimiento que demanda un eficaz equipo administrativo capaz de responder con prontitud y diligencia a la cantidad de papeles que cada semana se iban amontonando en la casa central de los Jesuitas.

 

¿Qué vio Ignacio en la figura de Juan Alfonso de Polanco? (…) capacidad para el puesto (…) “inteligencia clara, precisa, apta tanto para el análisis cuanto para la síntesis, y hábil para captar inmediatamente las implicaciones de una situación o de una doctrina, prodigiosamente organizadora y bien estructurada […] con sólida formación filosófica y teológica (…) pensamiento (…) organizador, sólidamente estructurado (…) fuerte sistematización de las facultades (…) notable claridad, precisión, método, capaz de largas atenciones y profundas reflexiones, y capta rápidamente las conexiones de un caso, de una situación, de un texto, apto tanto para el análisis como para la síntesis (…)

 

(…) otra de las labores del Secretario: saber argumentar para convencer y obtener así de la orden o el mandato una respuesta en obediencia mucho más integrada y asertiva (…)

 

(…) la vital importancia de una Secretaria General[v] bien organizada en una institución que se desarrolla de manera imparable y requería ya formas y criterios profesionales. El cargo no solamente demandaba orden, método, capacidad de trabajo, eficacia, habilidades políticas y disciplina, también unas virtudes personales tales como entrega, confianza, fidelidad, discreción obediencia, abnegación (…)

 

En cuanto a las cartas que se envían desde Roma (…) atiende a tres puntos: prudencia para escribir, conveniente modo de expresarlo y diligencia para enviarlas (…)

 

«Como buen soldado de Cristo deseaba morir

con las armas en la mano»

 

(…) siguiendo las decisiones de la Congregación de organizar el gobierno de la compañía en “asistencias”, Polanco fue nombrado Asistente de España[vi] (…) en la primera votación resultó elegido admonitor[vii] (…)

 

«Si algo no puede faltar en un secretario

(…) es confianza y discreción»

 

(…) perfilando un “retrato del candidato a General” (…) humildad verdadera (…) que sepa mezclar de tal manera rectitud y severidad necesaria con la benignidad y mansedumbre… magnanimidad y fortaleza de ánimo… grande entendimiento y juicio… prudencia y discreción…, vigilante y cuidadoso” (…)

 

(…) desde cualquier rincón del planeta donde un jesuita pisaba por vez primera encontramos una carta, una instrucción, una patente, una recomendación… orientación, animo, corrección y aliento, reproche o mandato (…)

 

«A los eruditos, pocas cosas;

a los ignorantes, muchas»

 

(…) fue un hombre de palabra y de palabras (…) su principal misión consistió en gran medida en generar, favorecer, facilitar y mantener la comunicación (…)

 

(…) escribiendo organizaba, ordenaba, sugería, alentaba, animaba, corregía, exhortaba. Contribuyo enormemente a generar en la Compañía una cultura manuscrita e impresa, de letrados, de pobres pero instruidos (…)

 

(…) “Reglas que deben observar acerca del escribir los de la Compañía que están esparcidos fuera de Roma” (…) organizar la correspondencia: “quanto a las que reciben”, “de las cartas que se envían”, “del modo que se ha de guardar en escribir”, y “de la diligencia en escribir y enviar”: constancia, orden, prudencia, discreción, responsabilidad configuran desde el comienzo el sistema impulsado por Polanco.

 

(…) “[el Secretario] es persona que le sea [al General] memoria y manos para todo lo que sea de escribir y tratar”[viii].

(…) adaptar el mensaje a la diversidad de registros que los diferentes destinatarios ofrecían (…) movido siempre por la prudencia como virtud propia que la pluma exige (…)

 

«Medite previamente lo que ha de decir,

el orden y el modo»

 

(…) el confesor tenía que ser padre, juez y médico y, para desarrollar con competencia y con provecho para “las ánimas” estas tres facetas, el Jesuita necesitaba estar bien formado[ix].

 

«”Si algo hay de bueno en el libro,

 antes pensaré que será de otro y no mío”

y “si hubiese faltas sabrán a quién dar la culpa”»

 

(…) en los textos se refleja el estilo y pensamiento de Polanco. Claro, directo, conciso, sin concesiones a la retórica (…)

 

(…) una labor perseverante, abnegada, fiel, sistemática y precisa tanto en lo que se refiere al seguimiento de las gestión de tantos asuntos como llegaban a la Secretaria de Roma (…)

 

«Humildad verdadera para saber estar

sin pretender destacar»

 

(…) fue hombre de reconocida prudencia, acostumbrado a “disimular cosas graves, que cada día es menester oír con paciencia de los que hablan lo que se les antoja”; siempre más pronto a asumir la culpa que a proyectarla (…) al secretario se le recomendaba soledad y quietud en una cámara apartada […] a la profesión de secretario conviene usar gravedad, honestidad y modestia en toda acción (…)

 

(…) se sirvió de la correspondencia para aconsejar y orientar no pocos casos de conciencia (…)

A Roma llegaba un sinfín de preguntas y casos en ocasiones nada fáciles que Polanco se ocupaba de estudiar, consultar y responder (…)

 

(…) le toco desde los comienzos fraguarse en la humildad. “el Secretario era hijo de la obediencia y amigo de la servidumbre: ‘obedezca pues el Secretario, que esta es su parte, como la de su señor es el mandar’” (…)

 

«Silenciosa pero infatigable,

 “parecía que sostenía bajos sus espaldas toda la Compañía»

 

Polanco

El humanismo de los jesuitas (Burgos 1517 ─ Roma 1576)

José García de Castro Valdés, S.J.

Mensajero — Sal Terrae

 

Link de interés

Nada más que la verdad

Mis años con Juan Pablo II

El Secretario del Consejo de Administración

Los primeros jesuitas

● Sabino Fernández Campo; La sobra del Rey

● Ignacio de Loyola; Un líder para hoy

● El liderazgo de los jesuitas; Autoconciencia, ingenio, amor, heroísmo

● El liderazgo al estilo de los jesuitas; Las mejores prácticas de una compañía de 450 años que cambió el mundo

● El peregrino; Autobiografía de San Ignacio de Loyola

● Jesuitas, liderar talento libre

● El liderazgo ignaciano; Una senda de transformación y sostenibilidad

● Diccionario de Liderazgo Ignaciano

● Constituciones de la Compañía de Jesús; Introducción y notas para su lectura

● Íñigo de Loyola, líder y maestro

 

«Nunca buscaré ni pretenderé cargo alguno de gobierno

 o dignidad fuera de la Compañía (…)»

 

ABRAZOTES


[i] Vicario General: Es la figura jurídica propuesta por las Constituciones para ejercer el cargo de P. General cuando éste no pueda hacerlo por incapacidad, cuando fallezca o renuncie, o para que le sustituya o ayude en circunstancias extraordinarias (…)

[iii] Epp VI, 167 y 206: Polanco y Diego Mirón (Roma, 17 de enero de 1554).

[v] Oficio de mucha confianza, cerca de los reyes y sus consejos, en todos los tribunales y entre los señores particulares.

[vi] Asistentes “porque asisten al General y le sirven de consejo y de ayuda en todos los negocios graves que se ofrecen (…)”

[vii] “El que amonesta y advierte, avisando lo que se debe hacer y previniendo lo que se debe evitar (…)”. “Es el encargado de avisar al General de lo que parece debería procurar o enmendar en su gobierno y persona (…)“.

[viii] Co 800

[ix] Sabiduría, humildad y prudencia.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Polanco; El humanismo de los jesuitas (1517-1576)


Estimad@s amig@s

Sinopsis
¿Secretario de san Ignacio? ¿Gobernante en la sombra? ¿Teólogo y divulgador en los inicios de la espiritualidad ignaciana? ¿Quién fue? Formado en el seno de una familia de pudientes comerciantes burgaleses y tras una seria formación en París, Juan Alfonso de Polanco decide ingresar en la Compañía de Jesús tras hacer los Ejercicios Espirituales en Roma (1541) con el Jesuita Diego Laínez; dejaba atrás un futuro prometedor como «scriptor apostolicus» en el Vaticano.
Sus cualidades y dones naturales ofrecían un perfil muy adecuado para ser el perfecto secretario. Fue el hombre de confianza, «memoria y manos», de los tres primeros Generales de la Compañía de Jesús: Ignacio de Loyola, Diego Laínez y Francisco de Borja.
Pero Polanco fue más que un Secretario. Uno de los silenciosos arquitectos de la nueva Orden que en 1540 había recibido la aprobación del Papa Paulo III, fue Asistente general y Vicario de la Orden; teólogo en Trento y profundo conocedor de los Ejercicios Espirituales. Hombre de consejo, profesor y riguroso historiador de los primeros años de la Compañía de Jesús[i].

«prudencia para escribir,
conveniente modo de expresarlo
y diligencia para enviarlas»

Prólogo
Polanco es un héroe callado, de los que mueven los hilos de la historia sin ser vistos, de los que deciden cosas de importancia desde un segundo plano (…) hombres discretos y leales. Sin ellos no hubiera sido tan brillante y gloriosa la historia de numerosas personas e instituciones (…)

(…) secretario de san Ignacio, “su memoria y manos”. De las 7.000 cartas de Ignacio, todas (excepto las 175 primeras) se escribieron bajo la secretaría de Polanco, unas por comisión, otras por colaboración estrecha (…)

(…) los que lo trataron, empezando por san Ignacio, alabaron su prudencia, humildad, fidelidad y honradez, su trabajo incansable, su cortesía y su virtud (…)

« Si algo no puede faltar en un secretario
(…) es confianza y discreción »

Introducción
(…) amigo de la palabra; con ella tuvo que aprender a convivir, aprender a cuidarla, a manejarla con prudencia y atención, con cariño, eficacia y equilibrio ¡qué difícil! Aprender a decir lo justo de la mejor manera de las posibles. No quedarse corto en comunicar lo que la otra parte necesita, pero, sobre todo, no pasarse. Palabras. ¿Sólo palabras? Palabras que hay que escoger, pensar y ponderar, que organizar y ordenar, medir y saber pronunciar o escribir. Detrás de las palabras, siempre hay alguien que las elige y sitúa en su sitio para que la palabra tenga su efecto. Palabra que anima, que exhorta, que legisla y manda, que corrige o consuela, confirma o alienta, clarifica y aconseja. Palabra que obra, palabra que construye, palabra de arquitecto (…)

(…) dos años tardaba en llegar una carta a la India (…) el éxito de la expansión de la Compañía de Jesús (…) eficacia, regularidad y seriedad de la comunicación en el interior de la Compañía (…)

(…) en su sitio. Cuando había que aconsejar aconsejaba; cuando tocaba corregir, corregía; si tocaba mandar, mandaba y si había que reñir reñía (…)

«[si algo hay de bueno en el libro,
 antes pensaré que será de otro y no mío]
y [si hubiese faltas sabrán a quién dar la culpa[ii]

Detrás de los grandes gobernantes siempre hay un segundo de a bordo este puede ser puede un secretario como es el caso que nos ocupa hoy con Polanco, mentor como sería el caso de Aristóteles con Alejandro Magno, o  secretario de cámara y del Consejo de Estado de Felipe II  que fue el caso de Antonio Pérez.

La persona que está en la sombra del líder debe tener una gran talla humana, entrega, huella, impronta, carisma, etc. Fraguado en la humildad, hijo de la obediencia y amigo de la servidumbre verdadera para saber estar sin pretender destacar, siempre más pronto a asumir la culpa que a proyectarla, con conocimientos, capacidades, habilidades, don de gentes, amplia agenda, espíritu de sacrificio, gran energía para iniciar las empresas arduas, gran constancia en continuarlas, gran prudencia en dirigirlas a su fin (…), perseverante, abnegada, fiel, sistemática, dispuesto a renunciar al nombre propio ‘Compuesto en la Compañía de Jesús’.

Polanco fue el jesuita que permaneció más tiempo en puestos de gobierno (…) secretario, asistente, historiador, escritor, legislador, vicario, admonitor del general, teólogo de prestigio, profesor, administrador… todo ello bajo el mando de los tres primeros generales de la compañía de Jesús, creo humildemente que se puede aprender mucho de su figura.

«como buen soldado de Cristo
deseaba morir con las armas en la mano»

(…) capacidad para el puesto (…) “inteligencia clara, precisa, apta tanto para el análisis cuanto para la síntesis, y hábil para captar inmediatamente las implicaciones de una situación o de una doctrina, prodigiosamente organizadora y bien estructurada […] con sólida formación filosófica y teológica (…) pensamiento (…) organizador, sólidamente estructurado (…) fuerte sistematización de las facultades (…) notable claridad, precisión, método, capaz de largas atenciones y profundas reflexiones, y capta rápidamente las conexiones de un caso, de una situación, de un texto, apto tanto para el análisis como para la síntesis (…)

(…) la vital importancia de una Secretaria General bien organizada en una institución que se desarrolla de manera imparable y requería ya formas y criterios profesionales. El cargo no solamente demandaba orden, método, capacidad de trabajo, eficacia, habilidades políticas y disciplina, también unas virtudes personales tales como entrega, confianza, fidelidad, discreción obediencia, abnegación (…)

(…) desde cualquier rincón del planeta donde un jesuita pisaba por vez primera encontramos una carta, una instrucción, una patente, una recomendaciónorientación, animo, corrección y aliento, reproche o mandato.

(…) fue un hombre de palabra y de palabras (…) su principal misión consistió en gran medida en generar, favorecer, facilitar y mantener la comunicación (…)

(…) escribiendo organizaba, ordenaba, sugería, alentaba, animaba, corregía, exhortaba. Contribuyo enormemente a generar en la Compañía una cultura manuscrita e impresa, de letrados, de pobres pero instruidos (…)

(…) el confesor tenía que ser padre, juez y medico y, para desarrollar con competencia y con provecho para “las animas” estas tres facetas, el jesuita necesitaba estar bien formado.

En los textos se refleja el estilo y pensamiento de Polanco. Claro, directo, conciso, sin concesiones a la retórica (…)

(…) al secretario se le recomendaba soledad y quietud en una cámara apartada […] a la profesión de secretario conviene usar gravedad, honestidad y modestia en toda acción (…)

(…) le toco desde los comienzos fraguarse en la humildad. “el secretario era hijo de la obediencia y amigo de la servidumbre: ‘obedezca pues el secretario, que esta es su parte, como la se su señor es el mandar’” (…)

(…) Polanco decía de Ignacio: “[posee] en un grado extraordinario ciertos dones naturales de Dios: gran energía para iniciar empresas arduas, gran constancia en continuarlas y gran prudencia en dirigirlas a su fin (…)

«humildad verdadera para saber estar
sin pretender destacar»


Link de interés

«la vocación de todo jesuita
[es para discurrir

Recibid un cordial saludo


[i] Chronicon Societatis Iesu, 6 vols.
[ii] Epp VI, 167 y 206: Polanco y Diego Mirón (Roma, 17 de enero de 1554).

lunes, 3 de septiembre de 2018

El liderazgo de los jesuitas; Autoconciencia, ingenio, amor, heroísmo


Estimad@ amig@s

Sinopsis
A menudo, lo que hoy recibe el nombre de «liderazgo» no es más que una superficial sustitución de la sustancia por la técnica. Los jesuitas renunciaron a un estilo de liderazgo ostentoso y centraron sus esfuerzos en el cultivo de cuatro valores especiales que constituyen la sustancia de su idea de liderazgo:
autoconciencia,
● ingenio,
● amor,
● heroísmo.
En otras palabras, la Compañía de Jesús preparaba a sus miembros para triunfar formándolos como líderes que
● eran conscientes de sus fuerzas, sus debilidades, sus valores y su visión del mundo;
● se atrevían confiadamente a innovar y adaptarse a un mundo en constante cambio;
● comprometían a otros con su positiva y bondadosa actitud;
● se activaban a sí mismos y a los demás gracias a sus heroicas ambiciones.
Esta fórmula sigue moldeando actualmente a los líderes jesuitas, convencidos de que todo liderazgo comienza por el auto-liderazgo. Pero es una fórmula que sirve para formar líderes en todos los ámbitos de la vida y del trabajo.
El presente libro no se limita a analizar las causas que explican el éxito de los jesuitas en el siglo XVI, sino que además señala quiénes pueden ser considerados líderes y cómo se forman estos en cada generación, incluida la nuestra. Además, se analizan de cerca las razones que explican el éxito de los primeros jesuitas y, a continuación, se presenta esta sabiduría a las personas y organizaciones que hoy deseen conocer y poner en práctica un liderazgo efectivo e integral.
Chris Lowney, que fue jesuita durante siete años, trabajó para J. P. Morgan durante diecisiete años como director ejecutivo en Nueva York, Tokio, Singapur y Londres. Actualmente vive en la ciudad de Nueva York, donde es asesor del Catholic Medical Mision Board.

«Trabaja como si éxito dependiera de tu propio esfuerzo,
pero confía como si todo dependiese de Dios»
Máxima jesuítica

De las cuatro valores principales del liderazgo de los jesuitas; autoconocimiento, ingenio, amor y heroísmo, me quedo con el primero.

El autoconocimiento es de vital importancia para poder avanzar, superarnos, mejorar, crecer, desarrollarnos, a la vez que poder generar los siguientes líderes que tendrán que consolidar nuestro proyecto.

Necesitamos conocernos
● ¿Cuáles son nuestras debilidades?
● ¿Dónde residen nuestras fortalezas?
● ¿Qué nos motiva—impulsa?
● ¿Cómo podemos buscar nuevas oportunidades?
●¿De qué forma podemos ayudar a otras personas a conocerse mejor desde nuestro ejemplo de autoconocimiento?

«Solo quienes conocen sus debilidades
pueden luchar contra ellas e incluso llegar a superarlas»

(…) sin experiencia alguna en dirigir escuelas, en apenas una década se las arreglaron para fundar y dirigir más de treinta centros de enseñanza. A finales del siglo XVIII, los jesuitas poseían setecientos colegios y escuelas de enseñanza secundaria repartidos por los cinco continentes (…)

¿Por qué tuvieron y siguen teniendo éxito los jesuitas? ¿Cuál era la fuente de creatividad, energía y afán renovador? ¿Cómo se explica que ellos hayan triunfado mientras tantas otras empresas y organizaciones se han ido quedando en el camino?

(…) en lugar de hablar de liderazgo, lo vivían (…)

El enfoque jesuítico analiza el liderazgo a través de un prisma muy distinto (…) refractado a través de ese prisma, la función del líder presenta también una imagen muy diferente. En su modelo destacan cuatro características:
Todos somos lideres y todos, mejor o peor, actuamos siempre como tales.
El liderazgo brota de dentro y refleja lo que soy como lo que hago.
El liderazgo no es una acción. Es mi vida, una forma de vivir.
La terea de ser líder no acaba nunca. Es un proceso constante.

(…) el líder fuerte disfruta de la oportunidad de seguir aprendiendo acerca de sí mismo y del mundo, y le atrae la idea de realizar nuevos descubrimientos e intereses.

(…) el rasgo que define al líder es su habilidad para motivar (…) recurre a su experiencia, sabiduría y conocimiento del juego (…)

(…) el equipo de los jesuitas confió en el talento de cada uno de sus miembros.

¿Cuáles eran los secretos del liderazgo jesuita? ¡Cómo accedieron individualmente al liderazgo des miembros de la compañía y por qué sus esfuerzos corporativos se vieron coronados por el éxito?

Autoconciencia: «Ordenar la propia vida»
Los líderes maduran al comprender quiénes son y qué es lo que valoran, al tomar conciencia de las propias limitaciones o flaquezas que los llevan por mal camino, y al cultivar el habito de la autorreflexión y el aprendizaje continuos.
Únicamente quien sabe qué es lo que desea puede emplear todas sus energías en alcanzar esa meta y animar a otros a hacer lo mismo. Únicamente quienes conocen a fondo sus debilidades pueden sobreponerse a ellas (…)

La autoconciencia nunca es un producto acabado (…)

Ingenio: «El mundo entro será nuestra casa»
Los líderes se acomodan personalmente y hacen que los demás se acomoden también a un mundo cambiante. No les da miedo las sorpresas que puedan esperarlos a la vuelta de la esquina, sino que prefieren explorar con entusiasmo nuevas ideas, enfoques y culturas (…)
(…) jesuita ideal (…) siempre dispuesto a dar una respuesta a las oportunidades que se le presenten
(…) un líder tiene que desprenderse de hábitos, prejuicios y preferencias culturales arraigados y no justificarse nunca con la disculpa de que «las cosas siempre se han hecho así» (…)

(…) como hombres dispuestos a aceptar misiones siempre nuevas y cambiantes, «el mundo entero se convertirá en [vuestra] casa» (…) apresurarse, movilizarse y responder sin tardanza (…) describían el modo de pensar que todo jesuita debía compartir.

«Aspirar a grandes cosas»
fijándose metas heroicas

(…) no se contento con descubrir sus propios puntos fuertes y débiles, sino que, además, fue generoso, aplicado y lo suficientemente sincero como para enseñar a otros a examinarse a sí mismos.

¿Qué hacen en realidad los lideres? (…)
● están siempre enseñando y aprendiendo (…)
● forman a hombres y mujeres «brillantes y eximios» (…)
● perseveran (…)
● se cargan de energía una y otra vez gracias a la pura y simple ambición de sus heroicas metas (…)
● innovan abordando sus desafíos como sus predecesores jamás habían imaginado (…)
● se consagran a la excelencia (…)
● permanecen abiertos a nuevas ideas, incluso a edades avanzadas (…)
● honran a la verdad por encima de su ego personal (…)
● influyen en otros con su ejemplo, sus ideas y su instrucción (…)

El liderazgo no consiste simplemente en realizar un trabajo; se trata más bien del modo en que se realiza (…) esto significa influir, prever, perseverar, transmitir energía, innovar y enseñar.

(…) ¿cómo se ordena uno a si mismo? (…) evaluando las propias debilidades o flaquezas (…)

(…) cada día, «luego de levantarse», los jesuitas deben recordar cuáles son sus objetivos personales más importantes (…)

(…) pocas personas están dispuestas a dedicar ni siquiera un día al año para reflexionar sobre sí mismas, pero cualquiera puede reservar para ello cinco minutos tres veces al día.

«¡Pues, sus!
¡Heme aquí!»

«Hazlo,
y ya vendrán»
Francisco Javier

(…) espíritu luchador, infatigable y perseverante (…) «¡Échame por la puerta, que ya encontraré yo la manera de volver a entrar por la ventana!» (…) estilo de liderazgo estimulante (…)

«La compañía necesita hombres tan perfectos
 como sea posible en cada una de las disciplinas
que le ayuden a alcanzar su objetivo»
Jerónimo Nadal

(…) los lideres jesuitas mostraron la necesaria dosis de tolerancia al riesgo, creatividad, empuje para aprovechar la oportunidad.

Magistri sint insignes,
«Los maestros han de ser sobresalientes»

(…) para que una misión sea motivadora tiene que ser persona. y únicamente cuando una hace de la búsqueda del magis[i] un hábito reflexivo de cada día es sostenible dicha misión (…) busca incansable algo más, y algo más grande (…)

(…) enseñar a otros es en sí mismo un proceso de aprendizaje para quien enseña (…)

«Los jesuitas aprenden mejor
enseñando a otros»



Link de interés

 Trabajar
«con más amor que temor»
Ignacio de Loyola

Recibid un cordial saludo


[i] Magis n latín, «más») es un término extraído de la Espiritualidad Ignaciana de la Compañía de Jesús. Es atribuido a San Ignacio de Loyola.
Es palabra latina y sus aplicaciones en educación (magisterio, clase magistral), en muchas ramas profesionales (magíster) significa aumentar las propias competencias y capacidades para ponerlas al servicio de los demás (prójimo), y de esa manera, hallar realización, procurar trascender y encontrar felicidad en el propio desprendimiento voluntario y en el compartir solidario.